viernes, 17 de septiembre de 2010

SUBUD

SUBUD, 

Susila Budhi Dharma



SUBUD es un nombre proveniente de la contracción de tres palabras sánscritas, a saber: Susila, que podría traducirse como vida correcta; Budhi, Sabiduría; y Dharma, la Ley Suprema. A la palabra así formada, SUBUD, se le atribuye el sentido de sumisión a la Sabiduría de la Ley Divina. Las palabras originales provienen de un poema que escribiera el fundador del Subud, un indonesio llamado Mohamed Subuh.

Mohamed Subuh nació en la Isla de Java en 1901, y ya desde pequeño había manifestado ciertas dotes de percepción extraordinaria, pero cuando comenzó su búsqueda espiritual, a los 16 años de edad, entre los múltiples instructores y gurúes de las más de diez religiones existentes a la sazón en Java, acabó por no adscribirse formalmente a ninguna. A pesar de ello, persistió su inquietud espiritual mientras desarrollaba la vida normal a la que también aspiraba: casarse, trabajar, formar una familia. Sin embargo, a los 24 años de edad fue objeto de un proceso de transformación y purificación que podríamos llamar espontáneo, y que marcaría en adelante su destino. Posteriormente, en 1933, Mohamed Subuh recibió la indicación de que debía realizar esta misma purificación que él había experimentado a todo aquel que lo pidiese; que él sería el vehículo de esta transformación y que en lo sucesivo esta sería su misión en esta vida.

A partir de ese momento, Mohamed Subuh - a quien más tarde todos llamarían Pak (Padre) en señal de respeto - abandonó su trabajo en una oficina municipal y comenzó a difundir el Subud, primero entre sus parientes y personas más cercanas, hasta finalmente constituir una Hermandad organizada, hacia 1947. Fue después de 1950 que Occidente comenzó a tener noticias del Subud, llegando a concretarse una visita de Pak Subuh a Inglaterra, invitado por uno de los grupos formados por Gurdjieff y que funcionaba en ese país bajo el liderazgo de su discípulo J. G. Bennett.

A partir del arribo de Pak Subuh a Inglaterra en 1957, junto a su esposa y algunos ayudantes, y del gran impacto positivo que tuvo el Subud en la numerosa gente que tuvo acceso a él - no sólo miembros de los grupos Gurdjieff, sino todo tipo de personas - la buena nueva se difundió rápidamente por el mundo occidental y su líder fue solicitado por colectividades de muy diversos países, fundándose en casi todos ellos nuevas sedes que se conservan hasta hoy (incluído Chile). La amplia aceptación del Subud se debe a su carácter universal, no sectario, no discriminatorio, no competitivo con lo establecido, puesto que no es una religión ni una filosofía ni una doctrina. Tal como dijera el propio Pak Subuh: "No es extranjero. No se "originó" en Oriente y no "vino" a Occidente. Viene del Espíritu de Dios que no es extranjero en ninguna parte."

La Energía del Subud

El Subud consiste en la canalización de un cierto tipo de energía existente en el Cosmos, a través de una persona que - en términos de su fundador - haya sido previamente "abierta" o "recibido el contacto", la que recibe el nombre de "Helper" (ayudante), y que dirige esta energía hacia las otras personas presentes.

Parece algo vago, sobre todo considerando el boom de energías que hemos estado viviendo los últimos años. Oímos hablar cada día acerca de los benéficos efectos de la energía redescubierta en piedras y cristales, o bajo pirámides, en esencias florales o talismanes; y también del aprovechamiento eficaz de la energía del propio ser humano, facilitando y estimulando su flujo a través de tratamientos de reiki, eutonía, bio-energética, acupuntura y dígitopuntura, reflexoterapia o masajes. Estos últimos procedimientos se engloban bajo el nombre de Terapias Corporales.

El objetivo de estos tratamientos es la obtención o recuperación del equilibrio interno, la revitalización, la búsqueda y mantención de la armonía. Sin embargo, en la mayoría de los casos no se especifica de qué energía se trata, siendo que existe una amplia gama de ellas, la que podríamos resumir en físicas, emocionales, intelectuales y espirituales. Las que manipula el hombre son en su casi totalidad físicas, lo que no quiere decir que la recepción o libre flujo de cualquier tipo de energía no tenga a menudo efectos en otros aspectos de la persona, considerada como un todo indivisible de cuerpo, mente y espíritu.

En el caso del Subud, se trata de una energía emocional destinada a favorecer la evolución del hombre en estos tiempos críticos. Bien sabemos lo difícil que resulta todo intento de crecer internamente mientras se permanece atrapado en la continua agitación del miedo, inseguridad o ira, reliquias establecidas desde la más tierna infancia en nuestro psiquismo a menudo a perpetuidad, a menos que hagamos algo al respecto. Las posibilidades son variadas, desde las terapias físicas de desbloqueo de corazas musculares donde se han fijado los hábitos emocionales, hasta las psicológicas más avanzadas, incluyendo las regresiones e hipnosis.

Aún considerando lo efectiva y beneficiosa que pueda ser cualquiera de estas técnicas, la exposición a la energía del Subud presenta varias ventajas en aspectos en los que aquellas encuentran limitaciones:

l.- No requiere un entrenamiento teórico de parte del operador o "Helper"
2.- No tiene contraindicaciones respecto del tipo de alteración emocional que afecte a la persona.
3.- No requiere que la persona recuerde el hecho traumático, pues la energía encuentra por sí sola su destino.
4.- Al no haber necesidad de "buscar" el bloqueo, se ahorra una considerable cantidad de tiempo en tanteos.
5.- No hay necesidad de relatar a terceros hechos dolorosos.
6.- La sanación de la herida psicológica - aún de las inconscientes - es definitiva y total.

Probablemente resulte difícil comprender cómo es que algo tan beneficioso no estuvo disponible antes para la sufriente humanidad, o, de ser así, cómo es que sólo después de Pak Subuh pudo ser aprovechada. Aunque es posible que la energía manifestada en el Subud, y que es su esencia, sea canalizada hacia los seres humanos en otras circunstancias que no sea el Subud. Es probable que se presente en toda actividad espiritual sincera, aunque no se la perciba como tal. Se ha constatado que en ciertas reuniones de caracter religioso "intenso", como las que realizan los carismáticos y los pentecostales, esta energía está presente. Una de sus características es que, cuando se ha completado la sanación emocional, la persona comienza a cantar o hablar en lenguas (glosolalia). En las reuniones cristianas señaladas, es atribuído al Espíritu Santo. En el Subud se dice que la persona está "limpia".

También se encuentra esta energía en las ceremonias de ciertos monasterios, algunas veces durante la consagración de la misa católica, y seguramente entre los meditantes de cualquier religión. Dhiravamsa, un monje budista llegado a Occidente, habla en su libro "El Modo Dinámico de la Meditación", de lo que él llama "la explosión en la meditación", y que considera como liberaciones espontáneas de "todas las cosas que obstruyen y bloquean el flujo natural y libre de las energías dentro de nuestro cuerpo y de nuestra mente". Por sus descripciones, esto le sucede esporádicamente a algunos de sus discípulos en estados pre-meditativos. Probablemente, y a pesar de ser contemporáneo, Dhiravamsa no conoce el Subud como tal, pero sin duda ha reconocido la benéfica influencia y positivos efectos de esa energía sobre aquellos que la han recibido aún sin saber lo que es. Para él, es energía meditativa.

Como el Subud no es una religión, una filosofía, una doctrina, un dogma, un culto ni un ritual, no pertenece a ningún grupo en particular, no es exclusividad de nadie. La actitud contemplativa o devocional sin duda favorece la llegada y percepción de esta energía. Sabemos que cada vez que logramos acallar lo que llamamos pensamientos, ese flujo constante de palabras, asociaciones, planes, recuerdos e imágenes que ocupa nuestra mente involuntariamente todo el día, nos hacemos susceptibles de sintonizar con el flujo del universo y sus energías, somos receptivos a aquello que nos trasciende. "Detén tu diálogo interno", decía Don Juan a Carlos Castañeda cada vez que trataba de que éste percibiese "lo real".

Aunque la energía del Subud puede ser recibida en variadas circunstancias de silencio interior y búsqueda espiritual, la exposición constante y sostenida a su acción, hasta completar la "limpieza" facilita las cosas, acelerando la preparación para cualquier otra vía de crecimiento. Para algunos, el Subud será el Espíritu Santo; para otros, la Energía Dadora de Vida, El Poder Supremo, la Fuente de la Existencia, la Divina Providencia, el Propósito del Universo, o, como dijera el psicólogo catalán Antonio Blay, "la técnica maestra en el arte de limpiar el inconsciente. No conozco otro método más efectivo y rápido que ese". Puede ser que sea un gran regalo destinado a preparar la Era de Acuario, y que tuvimos la suerte de estar aquí para recibirlo. Lo que nos permite lograr en pocos meses lo que nos tomaría años si dependiéramos de la eventualidad de que nos cayera del cielo al meditar, o al orar. Y desde luego que nos tomará infinitamente menos tiempo que cualquier tratamiento convencional de psicoterapia.

Sin ser religioso, el Subud favorece la espiritualidad. Liberando a la persona del círculo vicioso de su emocionalidad reactiva, le facilita la unificación del Sí Mismo. La purificación emocional ayuda a experimentar las verdades esenciales de cualquier religión, las que en lo profundo son convergentes. No debe interpretarse ésto como que el Subud pretende la conversión de los no creyentes; por el contrario, sirve a todos los seres humanos, sin imponer cambios ni convicciones, sin exigir fe o alteración en el estilo de vida. Para Pak Subuh, el Subud es el culto a Dios, pero no a un Dios específico, sino a la Divinidad que adore cada cual.

El Latihan

En el Subud se canaliza la energía emocional ya mencionada y se dirige hacia las personas presentes. Cada sesión que se realiza, y lo que allí sucede, se denominalatihan, que significa entrenamiento o ejercicio. No es un ejercicio en el sentido de una disciplina física o espiritual, como una sesión de yoga o meditación, en la que el practicante tiene una intención o aspira a un resultado. En el latihan no debe participar la voluntad del receptor. Lo único que la persona debe "hacer" es dejar de hacer, someterse pasiva y confiadamente a la acción de esa benéfica energía que da a cada cual lo que necesita, encontrando inteligentemente su destino. Es justamente cuando hay resistencia o intención de manipular o de oponerse a esa fuerza, que el latihan puede fracasar o, al menos, retardarse en sus resultados. Y eso es debido a que las personas, aún conociendo sus síntomas, desconocen por completo sus verdaderas causas, aunque crean saberlas. Y aun así, el latihan prioriza su acción en un orden no necesariamente coincidente con el 
del ego.

Para que el proceso del Subud se realice con la mayor fluidez y continuidad posible, Pak Subuh decía que eran deseables cuatro cualidades en los participantes: Sumisión, aceptando que se trata de una energía superior que no depende de nosotros; Paciencia, al no esperar resultados a nuestro gusto; "No se puede ir más rápido que Dios", decía; Confianza en que la energía es benéfica pase lo que pase; y Sinceridad, siendo observantes y conscientes de nuestras acciones.

Es díficil, si no imposible, transmitir en palabras la vivencia del latihan. Pak Subuh decía "la experiencia primero, la explicación después". Pero resulta necesario dar algunas explicaciones para evitar confusiones. En primer lugar, toda la sesión del latihan se lleva a cabo estando la persona totalmente consciente. No hay aquí ningún tipo de sopor, o hipnosis, o inconsciencia, o sugestión visual o auditiva o tactil. Los participantes están con los ojos cerrados para mayor concentración en la experiencia interna y para no proyectar los estados o emociones que se produzcan sobre otras personas u objetos, pero su estado es por completo lúcido y consciente, atentos a lo que sucede, no existiendo lapsos olvidados o en blanco. De hecho, si alguien lo desea puede retirarse en cualquier momento; no hay supresión o freno a la voluntad, a la capacidad de elección individual. Dijimos que es deseable que el participante no trate de imponer su voluntad personal si verdaderamente espera resultados, pero no hay presión ni obligación de nada.

Es imposible predecir lo que ocurrirá durante una sesión, o cómo actuará la energía, aunque se lleven muchas sesiones. Cada una puede ser totalmente diferente de la anterior. Nadie sabe lo que se está a 
punto de experimentar, ni cuántas sesiones serán necesarias para la sanación emocional. Eso depende exclusivamente del prontuario de sufrimiento que cada cual traiga. La vivencia de las personas que han realizado este proceso es tan disímil entre sí, que se podría pensar que se trata de sistemas diferentes.

A pesar de ser ésta una energía emocional por definición, en muchas ocasiones el latihan trabaja primero sobre el cuerpo vital (etérico) de la persona, deshaciendo los nudos que haya en los meridianos o nadis (conductos sutiles del cuerpo etérico) y que no permiten la libre circulación de la energía vital (prana, chi o ki), lo que redunda en mejoría de la salud física. Sólo después de logrado ésto empieza su acción en el nivel emocional. En cada nivel de la persona puede haber traumas, defectos en la estructura, y en cada nivel actuará la energía, escurriéndose como un líquido llenando los vacíos, sanando desde lo más profundo hacia arriba.

Durante la experiencia se puede sentir una vibración interna, o impulsos involuntarios de moverse, saltar, llorar, sentarse, cantar o lo que sea. Pueden presentarse algunos espasmos, sobre todo al principio, producto del intento de la energía por pasar por puntos obliterados. Como la forma que tome la expulsión depende del contenido que esté atrapado, cualquier cosa puede suceder.

Todo lo expresado produce el efecto de eliminar contenidos obstruyentes, liberando de todas aquellas limitantes incorporadas en la psiquis. Hay personas que en una sesión salen de varios atascos de su pasado; otras tardan varias sesiones en eliminar una sola dolencia emocional. Así, es imposible saber de antemano la velocidad de sanación, pues cada ser es diferente, ha recorrido diferentes caminos, y es sensible de diferente manera a las mismas cosas. Hay, no obstante, personas más susceptibles a la acción del latihan. Serían aquellas más emocionales, con mayor capacidad para dejarse llevar. Aunque cualquiera que se abra en forma confiada y perseverante a la experiencia, se beneficiará de los resultados. Además, al avanzar las sesiones e ir eliminando las primeras obstrucciones, la energía penetra cada vez más profundamente, produciendo una sensibilización paulatinamente creciente.

En la práctica, hay personas que se asustan con la gesticulación o sensaciones experimentadas, interpretándolas negativamente, por ejemplo, negando como propios los sentimientos de violencia o emotividad que aparecen, y sienten el impulso de abandonar todo. Sólo cabe repetir que hay que tener paciencia, y mantener lo menos activo posible al ego, de modo que se pueda aceptar que todo es posible. En pocos meses todo habrá salido. Pak Subuh, y también Bennett, hablan de un período de dos a tres años para completar la sanación de cada persona, pero en condiciones adecuadas se requiere mucho menos tiempo.

Sanación Emocional

El efecto primordial del Subud es la sanación emocional, lo que es de gran importancia, ya que la mayoría 
de las obstrucciones y sufrimientos se encuentran a este nivel y, si no son superados, no es posible un crecimiento armónico del ser. Sabemos que desde nuestra más temprana existencia vamos teniendo encuentros de la más diversa naturaleza con el entorno, con nosotros mismos (particularmente con nuestras limitaciones) y con las personas que nos rodean. Estos, si bien son obstáculos indispensables para crecer, desarrollarnos y madurar, en muchas ocasiones exceden nuestras posibilidades de recuperación, frustrándonos al no poder conseguir lo que queremos. Otras veces sentimos temor, al no saber cómo enfrentarlos, o ira, o cualquier otra emoción desagradable. Es justamente cuando no somos capaces de asimilar estos tropiezos, de comprender su significado o la reacción que nos producen, que existe el riesgo de que queden relegados a un plano inconsciente de la existencia, enquistados, entorpeciendo el libre flujo. Todo lo consciente nos ayuda a evolucionar; cuando entendemos un proceso y éste queda en la memoria consciente, podemos recurrir a él en una situación similar. Hemos aprendido algo que podemos libremente elegir utilizar o no, discernir si nos es útil en tal caso o crear una nueva respuesta, o ninguna, la próxima vez.

Pero en muchas ocasiones, y especialmente con las experiencias de edades muy tempranas, no somos capaces de comprender y procesar aquello que nos impactó, y queda como una vivencia adherida, como un bloqueo que la mayor parte de las veces "olvidamos", en una típica reacción de sobrevivencia que nos ayuda a evitar el dolor. Pero ella queda impresa en la memoria del ser, sólo que no la recordamos conscientemente; por eso frente a situaciones parecidas, o incluso de una semejanza apenas accesoria, seguimos reaccionando de la misma manera. Nuestro cuerpo o nuestra psiquis "recuerda", y sabe que eso duele, y ya tenemos instalada la pérdida de un segmento de libertad.

Así nuestro cuerpo va acumulando docenas o cientos de estos recuerdos (engramas), que resultan en una vida limitada, coartada por reacciones automáticas que nos impiden madurar, expandirnos, crecer, y que consumen enormes cantidades diarias de energía en su oscilar de la pena al resentimiento o la ira o la inseguridad. Es aquella obstrucción primera que nos mantiene esclavos de la reacción repetida, la que sana en forma casi milagrosa con el latihan. Y decimos milagrosa porque estamos tratando de explicar algo que está más allá de nuestro entendimiento habitual, o como dijera Pak Subuh, "no debe tratar de ponerse en palabras lo que está más allá de la mente."

En cada sesión, la energía se vierte tratando de fluir a través de la persona, tropezando con los sufrimientos y traumas almacenados en su psiquis, los que van siendo paulatinamente expulsados. La mayoría de las veces el desatasco de la obstrucción se representa físicamente, es decir, el cuerpo hace la pantomima de la experiencia original. Otras veces ésta sólo se visualiza, se recuerda en forma de imágenes, y el cuerpo permanece quieto. En cualquier caso, la expulsión libera ese segmento paralizado a la vez que lo llena con energía emocional fresca y vitalizante. La energía actuará ahora sobre la siguiente obstrucción, y así sucesivamente, en un proceso de vaciado y llenado.

Ha habido experiencias muy interesantes entre las personas que han tenido la oportunidad de hacer latihan. Varias de ellas han vivenciado la propia concepción, o agresiones voluntarias o involuntarias de parte de la madre durante la gestación, que han quedado grabadas en la memoria del cuerpo en los engramas. En muchos de estos casos las personas han podido corroborar la experiencia con la madre, lo que le otorga una cierta "garantía de credibilidad" a nuestras mentes racionalistas. En otras ocasiones poco frecuentes, el cuerpo de la persona comienza a contar historias de otro tiempo, sufrimientos de otras vidas que fueron incapaces de superar: asesinatos, torturas, violaciones, en general, situaciones de mucha violencia, injusticia o impotencia que no fueron adecuadamente procesadas en su momento por falta de tiempo o de comprensión. Este tipo de experiencia, aunque escasa, resulta muy impactante, sobre todo cuando se produce en personas que jamás había tomado en consideración nada relacionado con reencarnaciones o vidas pasadas.

Mientras se desarrolla el proceso del latihan, que continúa durante el período entre las sesiones, las personas pueden pasar por estados de ánimo muy diversos. Pueden oscilar entre la euforia y la depresión, el disgusto y la alegría o la pena, etc. Las sensaciones desagradables se deben a procesos que quedan incompletos entre una y otra sesión, y que a veces provocan resistencia a seguir. Una vez más, hay que 
ser paciente y perseverante, y no permitir que la mente interfiera con sus argumentos derrotistas. Para cada persona llega el momento de estar libre de toda obstrucción al flujo de la energía. Los nudos se han desatado, los vacíos están llenados. Somos ahora libres de actuar de acuerdo a nuestra consciencia real, 
según nuestros verdaderos valores, sin condicionamientos. La primera persona que quedó purificada de esta manera fue Pak Subuh, y a través de él han podido hacerlo también otras personas hasta hoy. La energía es la misma, no disminuye ni se altera con el tiempo porque no depende de nosotros y no podemos distorsionarla de ninguna manera.

El efecto del Subud no sólo atañe a los padecimientos emocionales, sino que a menudo hay consecuencias físicas notables: aumento de la energía y capacidad físicas, mayor armonía de movimientos, mayor sensibilidad de los sentidos. Muchas enfermedades corporales experimentan una remisión total o gran alivio, lo que se explica porque tenían un carácter psicosomático, y al sanar el cuerpo emocional sana también el físico. En ocasiones se produce un aumento de los síntomas entre sesión y sesión, para luego desaparecer totalmente.

La importancia de armonizar el cuerpo emocional es que sólo así puede ser integrado con el resto de nuestro ser. Nuestro comportamiento y nuestra psiquis están de acuerdo, y podremos crecer armónicamente, sin que una parte de nosotros lleve otra dirección. Todos hemos podido constatar lo molesta y desgastadora que es la emocionalidad que nos acosa cotidianamente. Al recuperar la flexibilidad y libertad en esta área, no sólo nos sentimos alivianados y con mayor alegría de vivir, sino que aumenta nuestra sensibilidad para la vida en general, disminuyen los temores y, por lo tanto, los apegos; aumenta la confianza y seguridad en nosotros mismos, la tolerancia, la apertura al mundo, el valor, la capacidad de resistencia frente a situaciones difíciles, y disminuye la dependencia de los demás. En suma, se integra la personalidad con mayor equilibrio y armonía; nos hacemos más conscientes de la existencia y de nuestra responsabilidad para con ella. Dentro de nuestras posibilidades individuales, nos volvemos más humanos, en el más elevado sentido de la palabra.

No hay recaídas respecto de lo ya sanado en el Subud, aunque siempre exista la posibilidad de volver a dañarnos en el futuro. Es recomendable, por lo tanto, considerarlo como parte de un camino de crecimiento, y no como un mero alivio de sufrimientos. Crecer es una responsabilidad personal indelegable que dura mientras exista vida.

Crecimiento Espiritual

El Subud, como se ha señalado, llegó al mundo para facilitar la evolución de los seres humanos. Para lograrlo, en la mayoría de los casos hay que sanar primero el cuerpo emocional, que es lo más deteriorado; algunas veces, también el físico. Pero por muy espectaculares que puedan ser sus resultados, no debe descuidarse su fin último, el acceso a planos superiores de la consciencia. Tal vez esto sea la consecuencia menos frecuente del Subud, pero es indudable que siempre podremos alcanzar un peldaño más alto que aquel en el que estamos. Si consideramos que esta energía es un regalo divino, o superior, deberíamos pensar que nos ha sido dada en la intención de ayudarnos a llegar más allá de nosotros mismos, a ese lugar libre del sufrimiento de la existencia.

Al librarnos del psiquismo autónomo y quedar abiertos al flujo de las energías, se nos ofrece también la posibilidad de contactar con planos más sutiles de la existencia. Una vez integrados, podremos acceder a ese centro de vida más real que todo cuanto hasta entonces hayamos conocido. Hay grupos de meditación que utilizan la práctica del latihan, sentados, como preparación a una apertura purificadora a la meditación. Para ellos ha sido de gran ayuda como elemento de despegue de la consciencia más terrenal, para ascender a lo más inmaterial. Cabe señalar también que algunas personas, durante una sesión de latihan individual normal, han alcanzado el éxtasis, lo que puede suceder en personas que ya estaban preparadas para ello o una vez que han sido purificadas, si su nivel de ser es suficiente. En estos casos es posible suponer que, así como en ocasiones la energía del Subud puede transportar energía más gruesa, como la físico-etérica, en otras es capaz de atraer, o permitirnos el acceso, a energías más sutiles, las que denominamos "espirituales".

Aunque pareciera que el Subud conllevara una especie de "borrón y cuenta nueva", no nos atreveríamos a aseverar que se trate de un corte a la Rueda de la Existencia, un lavado del karma adquirido. Tal creencia nos eximiría del peso del pasado negativo, por lo que parece impensable. El sentido común nos induce a pensar más bien que, dado que se trata de una energía inteligente que libera y ayuda dentro de "lo que es posible" para cada cual, es como una especie de gracia sobre cierta área de nuestra existencia actual. El resto del camino y las acciones futuras son de nuestra responsabilidad, esto es, siempre deberemos responder por ellas.

Emblema del Subud

El emblema del Subud se compone de siete círculos concéntricos cortados por siete radios equidistantes entre sí. Cada círculo representa un nivel de consciencia, una forma en la que la vida universal se manifiesta, a los que se les ha dado diversos nombres en la literatura esotérica:

1.- Nivel material, o físico.
2.- Nivel vegetativo o etérico.
3.- Nivel animal, emocional, o astral.
4.- Nivel humano o mental.
5.- Nivel del hombre perfecto o espiritual.
6.- Nivel de la compasión, o Cósmico.
7.- Nivel del Señor Supremo, o Absoluto, o Nirvánico.



El nombre Subud® y el símbolo de los siete circulos son marcas registradas de la World Subud Association.

Cada nivel está a su vez representado en cada una de las circunferencias, lo que se simboliza con los cortes transversales. Esto hace un total de 49 estados o etapas. Sin embargo, sólo los tres primeros niveles (material, vegetativo y animal) son accesibles a la mente humana habitual, la que conocemos como nuestra máquina pensante y que es bastante limitada: todo su funcionamiento se basa en palabras, imágenes e información de los órganos de los sentidos. Lo que no se pueda describir en estos términos, ella no lo puede comprender. Pero hay varios otros niveles a vivenciar, lo que logramos ascendiendo paulatinamente desde los estados más bajos, densos y penosos a los más sutiles y transcendentes, a medida que avanzamos en nuestro camino de crecimiento personal.

María Maya


Más Información:
Bennett, John G.- Our Experiences in SUBUD.- Dharma Book Co.- New York
Muhammad Subuh.- Susila Budhi Dharma.- Editorial Susila.- México