miércoles, 30 de junio de 2010

La Medicina Islámica y sus Fundamentos

La Medicina Islámica y sus Fundamentos


Autor: Mansur Escudero - Fuente: Verde Islam

Cualquier forma de practicar la Medicina se apoya en una concepción filosófica o ideológica de lo que entendemos por salud y enfermedad y del papel que en ellas juegan tanto el médico como el paciente. El propósito de esta exposición es delimitar el marco conceptual en el que se inscribe y desarrolla la práctica de la medicina desde una perspectiva islámica. El mismo término medicina islámica se utiliza frecuentemente haciendo referencia a prácticas o procedimientos terapéuticos bien diferentes, por lo que habremos de ver cuáles son los elementos que éstas tienen en común para merecer el mismo nombre.

El médico musulmán.

El médico musulmán es, en primer lugar, un creyente en el Dios Único. Su papel como médico es una extensión de su naturaleza como hombre y de su creencia y práctica como musulmán. Ello significa fundamentalmente su compromiso con la doble afirmación de que está compuesta la Shahada (testimonio):

Dice Allah, ensalzado sea, en el Qur’an:

“No hay dioses, sólo Allah.”

“Muhammad es el Mensajero de Dios.”

En la primera parte hace público con la lengua y testifica sinceramente en el corazón que Dios es Uno, con el que nada puede ser asociado, y que no puede atribuirse divinidad a nada excepto a Él. Mediante la segunda, declara aceptar a todos los profetas y mensajeros que, a lo largo de la historia de la humanidad, han sido enviados con una revelación, un mensaje, una guía para los hombres, y que Muhammad, el profeta nacido en Arabia hace catorce siglos, que sobre él y todos los demás sea la paz, representa el sello de la profecía y la actualización última en las formas de las anteriores revelaciones.

La primera afirmación implica el reconocimiento de la absoluta Unidad de todo lo existente. Su aceptación marca la diferencia fundamental entre creyentes y no creyentes.

“No hay dioses, solo Allah.”

Toda la creación y lo que ella contiene, desde lo más alto, grande y remoto, hasta lo más bajo, pequeño y próximo, está indicando la existencia de un Creador Único.

Sólo la ilusión, que empaña y distorsiona la luz de la conciencia hace concebir la existencia de algo distinto de Dios. La ilusión es una falsa percepción de la realidad.

Para el creyente musulmán nada puede ser asociado con Dios y, al mismo tiempo, cualquier cosa que se afirme, piense o imagine aparte de Dios, adquiere la categoría de ídolo y su naturaleza es ilusoria. Los ídolos, en tanto que objeto, manifestación o concepto, son ilusorios. Allah dice en el Qur’an:

“Allah es la Luz de los cielos y de la tierra.”

“Dondequiera que dirijas tu mirada allí encontraras la faz de Allah.”

El Universo entero, considerado a nivel celular, galáctico o subatómico, todos los fenómenos en el tiempo, todo lo considerado como masa o como manifestación, ha sido creado con la Verdad; pero nada tiene realidad excepto Él. Sobre ello existen numerosas referencias en el texto coránico: 10-5, 15-85, 16-3, 44-39, 45-22.

“No hemos creado los cielos y la tierra y lo que entre ellos hay sino conforme a una verdad (intrínseca).”

(Qur´an 46-3)

Si la primera afirmación representa la expresión sintética de la ciencia de la Unidad y la piedra de toque de todos los conocimientos, la segunda, “Muhammad es el mensajero de Allah”, testifica la creación como separación y es la ciencia del discernimiento, de la dualidad y multiplicidad de los fenómenos. Es, también, la ciencia del cuerpo, de la conducta personal y social y de la relación con el entorno. Es la ciencia del vivir rectamente y en armonía con la naturaleza.

Solamente desde la dualidad, desde la separación, puede afirmarse la Unidad. Esta segunda parte de la testificación que hace todo musulmán, implica la aceptación de Muhammad como modelo de hombre, en sus palabras, en sus acciones y en sus estados. Él muestra la expresión máxima de las posibilidades del hombre. Es el ejemplo perfecto de conducta humana y fuente de todos los conocimientos útiles. A través suyo, Allah ha explicado y hecho claros Sus signos a los hombres y, por ello, representa una muestra de Su compasión por la humanidad.

Así, en el Islam, como creencia y sistema de vida, está contenida la guía que cualquier ser humano necesita para conocer y servir al propósito de su existencia y para vivir una vida plena de significado; en paz internamente, en una relación de equilibrio con el entorno y con los demás hombres y mujeres.

Lo expuesto anteriormente puede considerarse como un planteamiento inicial e insoslayable del marco en el que se desarrolla la práctica de una medicina que pueda ser considerada como islámica.

La medicina islámica.

La medicina islámica, por tanto, está basada en el conocimiento contenido en el Qur’an y en el ejemplo y enseñanzas del Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz.

Llegados aquí, es preciso señalar que el marco de referencia del Islam no puede ser entendido como una estructura legal rígida y dogmática, sino como un sistema de referencia, a la vez completo y abierto, que permite tomar diferentes decisiones según sea la naturaleza del momento, la situación, y de los diferentes elementos involucrados en el proceso. En este sentido, es tan perfectamente aplicable la noción de sistema abierto --procedente de la teoría de los sistemas-- a la hora de entender la constitución de los elementos de la Ley del Islam y su modo de aplicación, como al referirnos al estudio de la célula, el organismo, los grupos humanos que forman las comunidades, o la Naturaleza en su conjunto. Este carácter organísmico, vivo, del sistema islámico es lo que le da su carácter universal y su aplicabilidad en cualquier situación.

Al igual que la investigación científica y sus aplicaciones tecnológicas se encuentran condicionadas por la particular ideología o visión del mundo del científico, la medicina --en mayor medida en cuanto que intervienen variables de imposible cuantificación-- forma su cuerpo teórico y, por tanto, sus derivaciones prácticas en el ámbito de las terapias, en base a la particular comprensión que el médico tiene de la función y significado del hombre, del propósito de la enfermedad y la cura, del encuentro o intervención con o sobre el paciente, y, en última instancia, del modo de entender la naturaleza del yo, el cuerpo, la mente y la realidad en su conjunto.

La medicina islámica, al estar inscrita en el marco de referencia del Islam, como sistema de creencias y de pautas de conducta básicas humanas, tiene un carácter totalizador, integral, holístico, que le imprime una marcada diferencia respecto a la que llamaremos medicina oficial.

La medicina oficial.

La medicina oficial, por referirnos a la que se enseña en las Facultades de Medicina y se practica en las instituciones de la Sanidad oficial, está ligada y emerge de una visión del ser humano y del cuerpo, que procede del pensamiento racionalista cartesiano, donde la naturaleza se divide en dos reinos totalmente separados: el de la mente y el de la materia. El universo material es considerado como una máquina y sus elementos constituyentes se describen funcionando de acuerdo a leyes mecánicas, en términos de movimientos y ajustes de sus partes. Así, el hombre, las plantas, los animales, la naturaleza en su conjunto, responden a un modelo conceptual análogo al de máquinas de mayor o menor complejidad. El modelo de hombre bajo esta perspectiva es la de un animal-máquina habitado por un alma racional.

Esta visión mecanicista se refuerza por una concepción de la realidad que hunde sus raíces en los principios ya obsoletos de la física newtoniana. Desde esta posición el Universo es visto como espacio absoluto, contenedor vacío e independiente de los fenómenos que ocurren dentro de él. Los cambios en el mundo físico son descritos en términos de dimensiones separadas. El tiempo es considerado como absoluto y sin relación con el mundo material; los elementos constituyentes de éste se imaginan moviéndose en un espacio y tiempo absolutos, como sólidas partículas materiales, a modo de ladrillos de los que toda la materia está hecha.

Éste es el modelo que impregna todo el pensamiento científico y, especialmente, la medicina. Como lógico corolario, un cuerpo sano es considerado como una máquina bien hecha y en perfectas condiciones mecánicas; uno enfermo, como otra cuyas partes no funcionan correctamente y que, por tanto, es preciso ajustar o sustituir.

La ciencia médica oficial, dominante hoy, está basada en un modelo analítico que pretende reducir la realidad compleja del ser humano y lo que considera sus elementos constitutivos físicos y químicos más simples, con la pretensión de estudiarlos en detalle y de comprender los tipos de interacción que existen entre ellos.

Desde esta concepción de la realidad, se intenta conocer los más minúsculos detalles, pero se pierde de vista el objetivo y sentido globales. La explicación de los fenómenos se hace desde los supuestos de la causalidad lineal, cadena lógica de causas y efectos, extendida en toda su dimensión a lo largo de un tiempo que se mueve unívocamente en una dirección fija, del pasado al futuro.

La ciencia médica se ha limitado a intentar entender los mecanismos biológicos implicados en la lesión en una determinada parte del cuerpo, olvidando así al paciente como ser humano completo, como sistema vivo, complejo y abierto, en continuo flujo e interdependencia con todo lo externo e interno. Bajo esta perspectiva ideológica, ya que no científica, se justifica una orientación de la medicina en la que cada vez tienen más cabida la utilización de procedimientos tales como la terapia de sustitución de órganos, la intervención a nivel genético o la exclusión de la dimensión espiritual y de las variables psicosociales en la causación y manifestación de la enfermedad. La investigación de las causas de la enfermedad y de los procedimientos terapéuticos se concentra en las “evidencias o pruebas materiales” olvidando la compleja realidad del ser humano, del hombre en el Cosmos, del hombre como representante de Allah en la Tierra.

Frente a esta visión reduccionista, cabe citar las palabras de Sidi Ali Al-Yamal, quien hace más de trescientos años, en un libro insuperado como ciencia del conocimiento, decía:

“Allah ha hecho de la existencia una copia del hombre; un espejo en frente de él. Sus estados son tus estados; sus palabras son tus palabras; sus acciones son tus acciones. Tu yo es una copia de la existencia y la existencia es una copia de tu yo. A quien quiera que Allah da poder para disponer de sí mismo, le es dado poder para disponer de la existencia.”1

La perspectiva de la Ciencia.

La visión mecanicista de la materia y del hombre, de la salud y de la enfermedad que aún prevalecen en la medicina occidental, no sólo se contradicen con la descripción de la realidad y del hombre contenida en el Qur’an, sino que incluso desde la perspectiva científica más reciente de la biología, de la cibernética, de la ecología o de la física subatómica, muestra estar totalmente desfasada, tanto en lo que respecta a las bases conceptuales como, lo que es peor, en la práctica a que da lugar.

La física actual llega ahora a confirmar lo que los gnósticos de Islam y de otras enseñanzas reveladas anteriormente, siempre supieron y enseñaron. La física de vanguardia ha dejado de ver el Universo, y por extensión al hombre, o a la célula, como una máquina compuesta de multitud de objetos separados. En su lugar se habla de totalidad armoniosa, interrelacionada, interdependiente, indivisible, como una madeja de relaciones dinámicas en la que el observador humano y su consciencia están incluidos.

En la física moderna, espacio y tiempo no son dimensiones separadas ni conceptos absolutos. El átomo es considerado como un universo en el que en lugar de partículas materiales, es decir, con una masa y un peso, se describen mallas de probabilidades de existencia en un lugar y tiempo dados, modelos de actividad y energía. Enfatizando que la tendencia o probabilidad de existir no es ni siquiera una probabilidad de que la cosa exista en sí misma sino como una probabilidad de interconexiones. El objeto observado por el físico no es un objeto identificable sino un sistema intermediario dependiente de la preparación del experimento y de los subsecuentes medios utilizados en la medición. Observador y observado se encuentran en tan intrincada interacción que el resultado del experimento viene determinado por la elección previamente hecha por el experimentador, es decir por su consciencia. La observación de materia a este nivel desvela que lo considerado como sustancia material sólida no es más que una proyección mental, un concepto. Lo que el físico observa son modelos dinámicos en continuo cambio.

El enfoque islámico integral se basa en una percepción global y detallada a la vez; unifica y separa; relaciona y considera las interacciones entre los elementos y los efectos de las interacciones. Sustituye la visión estática, sólida y permanente de la realidad por la de movimiento, fluidez, considerando la naturaleza continuamente cambiante e impermanente de los fenómenos.

“Todo habrá de perecer, excepto Su faz.”

(Qur´an 28-88)

La Medicina Integral ve al organismo humano, desde el nivel celular hasta el cuerpo completo como totalidad organísmica psicofísica y espiritual, en términos de procesos dinámicos no analizables en partes separadas y en permanente interacción con todo el cosmos, tanto con la realidad galáctica como con la interna, la ambiental y social. Mouley Arabi ad Darqawi decía:

“Se ha dicho que existen cien mil mundos, cada uno de ellos como éste y todos están contenidos en un hombre sin que él sea consciente de ello.” 2

Y también:

“Si quieres descubrir el secreto de todo el cosmos mira a la cosa más insignificante.”

Allah dio a Adam los nombres de todas las cosas, le puso como Su representante en la tierra y le concedió la capacidad para nombrar y, por tanto, conocer el significado de ellas. De esta forma le hizo ser espejo de la Realidad. La capacidad del hombre es la capacidad de Adam. Está inscrita y ha sido transmitida en el código genético. Existe como posibilidad para ser descubierta, recordada, en el DNA de nuestras células. Nombrar implica discernir en el reino de la multiplicidad.

La Realidad, una en su esencia, es múltiple en la descripción, es múltiple por sus nombres, por el lenguaje interior del pensamiento o por el lenguaje de la palabra que corta, delimita y modela el silencio. Lo que puede ser dicho, lo que puede ser expresado o definido no es lo inmutable, no es lo eterno. En una tradición china se dice:

“No existencia y existencia son idénticas en su origen, solo se diferencian al hacerse manifiestas. Esta identidad se llama profundidad. La infinita profundidad es el origen de todas las cosas del universo.”

La palabra separa la realidad, y con palabras podemos describir diferentes niveles en ella. Pero la separación no existe en la realidad, sólo existe en la descripción. A cada nivel: atómico, molecular, celular, corporal, social o cósmico corresponde un modo de funcionamiento y de organización propios, con sus signos, leyes y manifestaciones. La consciencia, como la realidad, es una y múltiple en las manifestaciones. La consciencia está ligada a la materia en cada una de sus formas de organización. En el hombre corresponde al Yo. El Yo del hombre, la consciencia del hombre, impresa en cada una de sus moléculas de DNA, contiene la potencialidad de todos los modos de experiencia.

“El hombre contiene el universo completo, te lo digo con palabras serias que no engañan.”

Hay un modo de experiencia que proviene de la información administrada por los sentidos: ver, oír, gustar, oler, sentir, tocar, hablar, desplazarse. A este nivel, se genera el pensamiento de separatividad y diferenciación. Se discierne, razona, clasifica, y se elige. El mundo es visto en su forma densa, sólida, permanente, y el Yo se ve como separado del mundo. En este nivel lo externo domina a lo interno, lo sensorial domina al significado. El Yo es identificado con el cuerpo físico o con la experiencia del cuerpo. En la psicología islámica se utiliza el término de nafs para referirse a esta modalidad de experiencia.

En el siguiente modo de experiencia, el Yo tiene acceso a la percepción de lo sutil en la realidad. El mundo de lo no perceptible por los sentidos. Es el mundo de los significados: el mundo del espíritu en el que lo interno domina a lo externo. El término para indicar el Yo en este modo de consciencia es el de Ruh. Sidi Ali Al Yamal refiriéndose a esto dice:

“El nafs es el ruh y el ruh es el nafs. Sin embargo sus nombres varían para diferentes estaciones. Es como el hombre: es llamado niño en la primera etapa de su vida, hombre cuando alcanza la madurez y anciano en la última etapa de su vida. Similarmente el yo es lo mismo que el ruh. Sin embargo, mientras el yo está prisionero de la oscuridad del velo es denominado nafs. Cuando se libera y sale de la oscuridad del velo a la luz del ojo que testifica es llamado ruh.”

En el tercer modo de consciencia se produce el descubrimiento unitario de la realidad. A este nivel no existe observador ni observado, ni interno ni externo, ni pensamiento ni lenguaje que pueda describirlo. Tampoco hay un locus espacio temporal de la experiencia: sólo el vacío original antes del comienzo del tiempo infinito.

“En el principio era Allah y nada había con Él y Él tiene ahora lo que tenía.”

(Hadiz Qudsi)

Y Allah ta’ala dice en el Qur’an:

“La verdad ha llegado y se ha disipado lo falso. Ciertamente lo falso está destinado a desvanecerse.”

Y Shayj Muhammad Ibn Al Habib, en la instrucción a sus discípulos, en el Diwan de los Amantes, de los Viajeros Gnósticos, dice:

“¡Oh tú que deseas la presencia de un testigo ocular, debes elevarte por encima del espíritu y de las formas, asirte al vacío original y ser como si no fueras, oh aniquilado!”3

La medicina integral.

“No hay enfermedad que Allah haya creado, sin que haya creado también su tratamiento.” 4

La medicina integral debe estar basada en una ciencia que permita el reconocimiento de las condiciones y estados del cuerpo en sus aspectos físico, mental y espiritual y de los elementos que alteran estas condiciones y estados.

El cuerpo humano, como sistema abierto de elevada complejidad (al igual que la célula o las comunidades de hombres o el ecosistema) tiene la capacidad de conservar sus estructuras y funciones gracias a una multiplicidad de equilibrios dinámicos, controlados por mecanismos de regulación interdependiente. Este es el concepto de homeostasis, de equilibrio dinámico. Un sistema así reacciona a todo cambio, interno o externo, o a toda perturbación, por una serie de modificaciones que persiguen el mantenimiento del equilibrio. Si el sistema, la célula, el cuerpo, no consiguen establecerlo entonces entra en otro modo de funcionamiento que es la enfermedad, que bien puede llevar a la destrucción del conjunto de la estructura --la muerte-- o al establecimiento de un nuevo equilibrio que es la salud.

El cuerpo humano es, por tanto, un sistema soporte de vida, totalmente coherente e integrado, con mecanismos internos de equilibramiento y control. Es función natural del cuerpo la de restablecer el equilibrio, la de curarse a sí mismo. El médico es testigo de este proceso. Su intervención debe ir encaminada a la potenciación de estas funciones naturales, no a su interferencia. Los síntomas no son la enfermedad sino tan sólo su expresión. La enfermedad, de acuerdo al concepto de homeostasis, debe ser considerada como un proceso de reajuste del equilibrio del organismo, que se manifiesta con unos signos característicos pero individualizados externamente y con una determinada experiencia interna. Signos y experiencia son los síntomas. La enfermedad es el proceso subyacente. El remedio que trae la cura, es el elemento que restablece una nueva forma de equilibrio que es experimentado internamente como salud.

El objetivo de la medicina integral es la salud, no sólo como ausencia del síntoma o de la enfermedad, sino como un proceso de adquisición de formas de equilibrio superiores. El objeto es el hombre en su totalidad. La salud óptima implica en el hombre el uso de la capacidad concedida por Allah para cumplir con la deuda contraída por el hecho de vivir. Es decir: servirle con conocimiento. En lo externo, salud significa un cuerpo capaz de responder adecuadamente a las demandas de la realidad. En lo interno es un estado de paz y sereno contentamiento, que expresa aceptación y reconocimiento de lo que Allah ha dispuesto para uno mismo.

“La realidad de la wilaya (cercanía a Dios) es que, cuando uno que la posee está sentado a la sombra, no desea sentarse al sol, y cuando está sentado al sol, no desea sentarse a la sombra.” 5

La posición del musulmán ante la enfermedad es de aceptación de la misma y, al mismo tiempo, de búsqueda de la cura. No hay duda que la salud es un bien para el creyente, y que su búsqueda y consecución es algo bendecido por Allah. Así está confirmado por numerosas tradiciones proféticas:

Dice el hadiz:

“Si un hombre tiene solamente su Islam y su salud, esto es suficiente para él.”

“Pídele a Allah por salud, pues a nadie le es dado nada mejor que la salud.”

“Aquél que se despierta por la mañana sano de cuerpo y de espíritu y cuyo pan del día está asegurado, es uno que posee el mundo.”

“Pídele a Allah por perdón y salud. Después de la seguridad en la fe, nada le es dado a un hombre mejor que la buena salud.”

“Ninguna petición es mas complaciente para Allah, que la petición por buena salud.”

“La salud es un tesoro oculto y un lujo invisible.”

El creyente sabe que tanto la enfermedad como la cura proceden de Allah, son parte del decreto de Allah. Está libre del temor neurótico a la enfermedad que impregna la sociedad occidental, expresión a la vez del miedo a la muerte y de su negación. Tampoco hace un culto de la salud ni idolatra al cuerpo humano o a sus capacidades.

Dice Allah en el Qur´an:

“Di, nada nos llegará excepto lo que Allah ha prescrito para nosotros.”

“Si Allah te toca con un daño, nadie podrá quitártelo, pero si Él decreta algún beneficio para ti, nadie podrá apartar Su favor. Él hace conseguir a cualquiera de sus siervos lo que quiere.”

El musulmán conoce y acepta que la enfermedad y la salud, el médico y su tratamiento, las circunstancias que llevan a la enfermedad y aquéllas que conducen a la cura, son parte de lo prescrito por Allah:

“En verdad, con la dificultad llega la facilidad.”

Dice el hadiz:

“El tratamiento de las enfermedades está dentro de lo predestinado por Allah. Si Él ha decretado que tal cosa ocurrirá por tal y tal causa, ello ocurrirá cuando aparezca esa causa. En este caso, la medicina dada es la causa predestinada para traer la cura.”

Sin embargo, no hay lugar para el fatalismo o la pasividad del médico ni del paciente, para la evitación de responsabilidad por la enfermedad adquirida ni por la búsqueda de la cura.

Dice Allah en el Qur´an:

“Cada uno tendrá lo que haya adquirido y cargará con lo que haya adquirido.”

“Si haces un bien a ti te lo haces y si haces un mal a ti te lo haces.”

Allah exhorta continuamente en el Qur’an a hacer lo que es un bien reconocido; a buscar lo más provechoso de entre las cosas que están permitidas y a evitar lo que es dañino:

“Comed de las buenas cosas que os hemos proveído para vuestro sustento, pero no cometáis excesos.”

“No contribuyáis con vuestras propias manos a vuestra destrucción.”

El enfermo está obligado a buscar tratamiento médico y el médico a prestarlo, debiendo éste profundizar continuamente en el conocimiento de la naturaleza de la enfermedad, sus causas y su tratamiento:

Dice el hadiz:

“Oh siervos de Allah, buscad tratamiento médico. Allah ha puesto un remedio para cada enfermedad, claro para quien lo conoce y oscuro para quien no lo conoce.”

No es el médico el que cura, ni el poder está en el remedio.

Dice Allah en el Qur´an:

“Él es quien me alimenta y me da de beber y cuando me pongo enfermo me cura.”

Dice el hadiz:

“Tú eres un amigo, Allah es el médico.”

“Hay un remedio para cada enfermedad y, cuando el remedio se aplica a la enfermedad, ésta se cura con el permiso de Allah ta’ala.”

Es conocido que el temor y la negación de la enfermedad son elementos que refuerzan la enfermedad y que incluso pueden ser toda la enfermedad. El dolor va asociado a la contracción, y la contracción mantenida es causa del dolor y de la lesión. La actitud mental de resistencia es causa de angustia y de temor neurótico ante la enfermedad. El creyente confía en Allah. Sabe que está en sus manos y que todo lo que es y ocurre es parte de la perfección de Allah1. Para él, ya sea médico o paciente, sólo cabe la posición de quien testifica y acepta, y esto, aún en la enfermedad, es salud:

Dice el hadiz:

“Un creyente nunca es azotado con dificultad, enfermedad, malestar, pesar o incluso con preocupaciones mentales, sin que sus faltas sean expiadas.”

“Qué maravilloso es el asunto del creyente: cuando le viene un período de facilidad, da gracias a Allah por él; y cuando le sobreviene una dificultad, es paciente y así, en ambos casos, se beneficia.”

Un aspecto fundamental de la naturaleza integral de la medicina islámica es su carácter preventivo, precisamente el área donde es más ostensible el fracaso de la medicina dominante en occidente. Multitud de investigaciones coinciden en afirmar que el estilo de vida y la calidad moral y ambiental del entorno social y físico son las causas dominantes de mortalidad y morbilidad en las naciones consideradas como desarrolladas. Las enfermedades más importantes de nuestro siglo --cardiopatías coronarias, arterioesclerosis, hipertensión, diabetes, obesidad, cáncer, cirrosis hepáticas, depresiones, esquizofrenias y toda la gama de las psicopatías-- están claramente ligadas a un estilo de vida autodestructivo y destructor: inmoderada y desequilibrada alimentación, consumo excesivo de alcohol, tabaco y medicamentos, falta de ejercicio físico, aislamiento, incomunicación, carencia de vínculos afectivos con los miembros del grupo social, falta de objetivos y guías morales, desorganización y destrucción del ámbito familiar, stress continuado, invasión de la intimidad, polución atmosférica, del agua, de los alimentos, de las ideas, y en fin, pérdida del sentido de la existencia y del valor de la vida.

Está admitido que en la mayor parte de las enfermedades crónicas y como causas de muerte en los países de occidente, son los factores psicosociales y del ambiente los que juegan un papel etiológico más decisivo. De ello se deduce que, en gran medida, podrían ser prevenidos mediante una modificación de los mismos. Sin embargo, la orientación tecnológica e intervencionista, química o físicamente, su carácter mercantilista desprovisto de compasión para con el débil, va en dirección totalmente opuesta a la prevención. No hay duda de que cambiar los hábitos y la forma de vida es una tarea más difícil que suprimir o enmascarar los signos que el cuerpo produce para indicar la necesidad de un cambio. Hay suficientes datos estadísticos que corroboran el fracaso de la medicina alopática, pero sólo señalaré uno como ejemplo. En un reciente informe al Congreso de los EE.UU. se revelaba que en un solo año se habían realizado dos millones y medio de intervenciones quirúrgicas innecesarias con un coste de 4 billones de dólares y, lo que es más inquietante, con un resultado de cerca de once mil muertos.

La medicina islámica tiene un carácter esencialmente preventivo. El Islam, como forma de vida, provee a los niveles espiritual, corporal, moral y social, de conocimientos y pautas de conducta útiles para mantenerse en la salud, tratar correctamente la enfermedad y progresar hacia un óptimo nivel de salud. No hay medicina preventiva más completa, económica, equilibrada, fácil de entender y de aplicar que la que se deriva de seguir la conducta del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz. Alimentación, higiene personal, relaciones sexuales, sueño, actividad física, relación con el medio ambiente y conducta ante la enfermedad. En estos y en otros muchos ámbitos de la vida cotidiana el musulmán encuentra una guía en el ejemplo del mejor de la creación, que Allah le bendiga y le dé paz.

El contexto social, político y económico exige a los médicos, como médicos y como musulmanes, un compromiso de acción en áreas aparentemente alejadas de lo considerado como práctica clínica. Hay condiciones en las que la práctica clínica tiene que ser completada, si no sustituida, por una práctica social y política. La posición políticamente aséptica del científico no es posible ni aceptable. En ella hay complicidad. La ciencia, y especialmente la medicina, es una resultante y a su vez sostiene, como uno de sus pilares fundamentales, al sistema de cuyo seno surge.

Existe una medicina que nace de una ciencia, de una visión del mundo y de una ideología que niegan la existencia del Único Dios, que carecen de una enseñanza revelada y de unos criterios éticos; estos han sido inventados por hombres cuyas aspiraciones y ejemplo vital están lejos de ser un modelo deseable para nadie. Ésta es la medicina de kufr. Y el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo:

“Kufr es un sistema.”

Como sistema, es coherente en su estructura, en la interdependencia de los elementos que lo integran y en su modo de funcionamiento. La esencia de kufr es cubrir, velar, enmascarar, rechazar la realidad. La medicina kufr se manifiesta como negación del Creador y como encubrimiento de la enfermedad y de las causas que la producen; en definitiva, encubrimiento de la realidad del ser humano y de su propósito en la existencia.

Opuesto al sistema de kufr está el sistema de Islam. Es desde Islam, desde la ciencia del conocimiento y de la conducta que es Islam, desde donde debemos enfrentar, como médicos musulmanes, la ignorancia y brutalidad de kufr.

Restablecer el din de Islam en su totalidad. Seguir con conocimiento y amor el ejemplo del mejor de la Creación, Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él, descubrir nuestro significado como hombres y servir compasivamente a nuestros semejantes es la tarea. Que Allah nos ayude a todos a lograrlo.

Síntesis

A modo de síntesis, agrupando conceptos que han sido desarrollados anteriormente, resumiré algunos de los rasgos que caracterizan a la medicina islámica y su práctica.

1. La medicina islámica se sustenta en el reconocimiento de la absoluta unidad de Allah, la unidad de la Realidad. No hay dios excepto Allah.

2. Aceptación del sistema de Islam como marco de la conducta individual y de la organización social, y aceptación del amor por el profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda paz, como modelo más perfecto de ser humano. Muhammad es el Mensajero de Allah.

3. El médico musulmán se encuentra sujeto a los mismos criterios morales y de conducta que cualquier otro musulmán. Acción recta, solidaridad y ayuda al necesitado son obligaciones que recaen sobre él:

Dice el hadiz:

“Un verdadero creyente es con respecto a otros verdaderos creyentes como los ladrillos de una pared, uno apoyando y fortaleciendo al otro.”

“Veréis a los musulmanes en su compasión, amor y forma de sentir en comunidad como si constituyesen un único cuerpo en el que cuando un miembro está enfermo, comparte su fiebre y su insomnio con el resto del cuerpo.”

4. La práctica de la medicina islámica está basada en la compasión, es decir, en el servicio con amor, discernimiento y conocimiento para con todos los seres de la creación, no únicamente para con los musulmanes.

Dice el hadiz:

“No creéis verdaderamente hasta que no sois compasivos, y ser compasivos no es que mostréis la compasión solamente con vuestra gente sino con toda la humanidad.”

5. El sistema de Islam, como sistema abierto, como organización viva, ha sido revelado para el bien y el provecho del hombre, que posee así una referencia procedente de Allah. La esencia de la Sunnah del Profeta, que Allah le bendiga y le dé paz, era la adecuación de su comportamiento y de su acción a cada situación. La acción correcta proviene del conocimiento en el camino de Islam, el camino del médico musulmán es el de la continua búsqueda de conocimiento. Allah dice en el Qur´an:

“¿Son igual aquellos que conocen y aquellos que no conocen?”

El Profeta mismo, que Allah le bendiga y le conceda paz, fue un ejemplo de progresión continua en el conocimiento de su Señor y repetidamente exhortó a los creyentes a su búsqueda:

“Busca conocimiento aunque sea en China.”

(Dicho sufí)

Dice el hadiz:

“Busca conocimiento desde la cuna a la sepultura.”

“El conocimiento es el tesoro perdido del creyente: él lo busca dondequiera que pueda encontrarlo.”

6. La medicina islámica tiene un carácter integral, ecológico, sistemático en su concepción del hombre y del Universo, en su concepción de la enfermedad, de la salud y de la terapia y en su carácter esencialmente preventivo.

7. El hombre es considerado como Jalifa de Allah en la Tierra, contenedor y unificador del Cosmos en su conciencia. Discernidor por el intelecto. Espejo en el que se refleja y confronta la Realidad.

8. El papel del médico es el de discernir. Allah es Al Hakim: el que juzga y pasa sentencia. El médico es el esclavo del Hakim. El médico no tiene ningún poder. Tampoco el remedio:

Dice Allah en el Qur´an:

“No hay poder ni fuerza sino la de Allah.”

9. La enfermedad, la muerte, el médico, el remedio y la salud son parte del decreto de Allah. Cualquier pretensión de poder es pura ilusión:

Dice Allah en el Qur´an:

“Di, nada os llega excepto lo que Allah ha prescrito para vosotros.”

“Si Allah te aflige con un mal, nadie excepto Él podrá apartarlo.”

(Qur´an, 6, 19)

“Si una calamidad te aflige, (sabe) que calamidades similares han afligido también a otros...y esto para que Dios limpie de toda escoria a los que tienen fe.”

(Qur´ an, 3, 140-141)


10. La enfermedad no es un castigo sino una purificación. Al manifestarse la enfermedad, se manifiestan los mecanismos naturales de regulación que posee el cuerpo para restablecer un equilibrio que ha sido alterado. En la enfermedad está la cura.

11. La medicina islámica no está ligada a una exclusiva o determinada forma de terapia. Cada paciente es único. Su situación y circunstancias son únicas. Su enfermedad y remedio son únicos. Sin embargo, algunos criterios pueden servir como indicadores de la elección terapéutica:

--Lo reconocido como útil y beneficioso:

“¡Oh Allah, apártame de cualquier ciencia que no traiga beneficio a la gente!”

“Los mejores hombres son los mas útiles para la humanidad.”

--Lo que es más fácil, simple y asequible:

Dice Allah en el Qur´an:

“Allah quiere lo fácil para vosotros.”

Y dice el hadiz:

“Siempre que el mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, podía elegir entre dos cosas de entre las permitidas, elegía la más fácil.”

--Lo que ayuda a los procesos naturales de curación del cuerpo.

--Lo que es más económico:

Dice Allah en el Qur´an:

“Allah no ama a los que despilfarran.”

--Lo que produce menos daño como efecto secundario:

Dice el hadiz:

“Allah odia el daño hecho a cualquier musulmán.”

--Lo que tiene valor educativo:

Dice el hadiz:

“Todo en esta existencia está maldecido excepto dos cosas: uno que recuerda a Allah y uno que enseña y otro que aprende.”

12. Investigación, estudio y diagnóstico del paciente deben estar en función del beneficio del paciente y no como un fin en sí mismos, o como una forma de glorificación del ego:

Dice el hadiz:

“Quienquiera que busque la ciencia para eclipsar en gloria a otros científicos o para entrar en controversia con los necios o para atraer la atención de la gente, será de la gente del fuego.”

Referencias Bibliográficas.

1. Sidi Ali Al Yamal. “The Meaning of man”. Diwan Press. Norwich 1977.

2. “The Darqawi way. The letters of Shaykh Mawlay Al´Arabi ad-Darqawi”. Diwan Press. Norwich 1979.

3. “El testigo ocular. The Diwans of the Darqawa”. Diwan Press. Norwich 1980.

4. Bujari. “Book of Medicine”. pág 582.

5. Cita de Sheij Ahmed al Yamani recogida por Sidi Ali Al Yamal en “The Meaning of man”, reseñado anteriormente.

6. Muslim. 3466.

7. “Riyyad as-Salihin”, hadiz 37.

8. Id, ant, hadiz 27.