domingo, 6 de septiembre de 2009

UNA HISTORIA DE INMIGRANTES



REPORTAJE: ENCANTADOS DE CONOCERNOS
Una historia de Bollywood
Amir Gambhir abrió en A Coruña el primer restaurante indio de Galicia

La tarjeta de su restaurante, además del nombre del establecimiento, reza: "Ahora soy muy feliz". Es el desenlace de la historia de Amir Gambhir (Nueva Delhi, 1971), que dejó su trabajo como guía turístico en la capital india por amor y se plantó en una ciudad de Occidente, donde ahora ejerce de hostelero, profesor de risoterapia y traductor para la policía. También quiere ser actor. El guión es digno de Bollywood, pero la acción transcurre en A Coruña. Allí se instaló en 1995.
Ejerce de hostelero, traductor para la policía y profesor de risoterapia
Los vecinos le creían loco por reírse cada día a las ocho de la mañana
Antes de eso, Amir vivió en muchos lugares. Su padre pertenecía al ejército del aire, lo que le llevó a recorrer India de punta a punta y a desarrollar cierta aversión a la disciplina: "Fui un rebelde muy pacífico que quería cambiar las cosas a su aire". El camino elegido le llevó a estudiar Turismo y Contabilidad.
En 1994, cinco días cambiaron su destino. Fueron los que pasó como guía de un grupo de turistas entre los que se encontraba Elisa, y exactamente los que le llevó enamorarse. Ella, gallega, profesora de instituto de vacaciones en la India y 15 años mayor, no se lo tomó muy en serio cuando Amir se declaró en un lujoso restaurante chino de Delhi. "Se quedó tiesa", recuerda él, y luego siguió rumbo a Nepal, como tenía previsto. Doce facturas telefónicas después, Elisa volvió a la India y le pidió que viniera a España. Pero en la embajada no le daban el visado y se casaron. De un día para otro. "Mañana me caso", le dijo a su madre, que se limitó a decir que primero tenía que buscar con quién. "En la India, la madre es la encargada de encontrar esposa para el carácter del hijo", explica Amir. Fue una ceremonia civil.
"En el aeropuerto de Delhi me dio vértigo tanto cambio", confiesa, pero su decisión era firme y puso rumbo a Galicia. "A Coruña me pareció como una aldea india: poco tráfico y poca gente". Estaba acostumbrado a una aglomeración urbana de 10 millones de almas. Se sintió bien acogido. "Has ido bien lejos a buscar marido", le dijo el suegro mientras descorchaba una botella de rioja para celebrarlo.
Fue mejorando su español y consiguió empleo como agente de seguros durante cinco años; se descubrió como un gran vendedor. Al poco, hablando con la gente, se dio cuenta de que la India se estaba poniendo de moda y se dejó guiar por su instinto empresarial: "Decidí traerla a A Coruña". El negocio, el primer restaurante indio de Galicia, está decorado con algunos carteles de películas de Bollywood. Lo bautizó sin pretensiones Restaurante da India, en gallego, idioma que se esfuerza por perfeccionar y defiende: "Es un descubrimiento, cuanto más sabes más te enriqueces". "Para conocer una cultura, primero hay que empezar por la lengua y luego por la comida", asegura.
Cocina él mismo con una receta nada secreta: "La clave es un buen producto gallego con especias indias". Quiere vender satisfacción y elige lo más adecuado para cada comensal. "Se puede cambiar el humor de las personas sólo con especias". Al día siguiente llama al cliente para preguntarle si le ha gustado. "Dar de comer es una religión y necesito que los clientes confíen en mí", explica. Esa confianza le abrió camino a su trabajo de traductor, que ejerce cuando se lo piden. "Un día un cliente me llamó para que ayudara a la policía a traducir a unos paquistaníes", explica. Va también a los juzgados como traductor de urdu y de inglés.
Además, ha dado cursos de risoterapia para mayores, una técnica para mejorar cuerpo y mente que, asegura, nació en la India: "En Delhi la gente se reúne en los parques antes de ir a trabajar para reírse, así estimulan las endorfinas para tener un día feliz". A sus alumnos les explica lo que es ser alegre y que hay que dar lo que se quiere recibir. "Aquí la gente tiene vergüenza de reír porque piensa que no está bien visto". "Yo me río cada día a las 8.00 para empezar bien la jornada", asegura, y confiesa que esa práctica ha cuestionado su estabilidad mental ante la comunidad, hasta el punto de que un vecino le dijo al conocerlo: "¡Vaya, si eres un tío fenomenal... Y yo que pensaba que estabas medio pirado!".
De vez en cuando hace pinitos como actor, un pasatiempo que sirve para estimular su faceta creativa. En un corto de la Escola de Imaxe e Son hizo de encantador de serpientes en O Courel, un papel que le va al pelo. También empieza a pegarle al baile. Son aptitudes básicas para entrenarse como protagonista en una película de Bollywood. La historia ya la tiene.