lunes, 17 de agosto de 2009

MILLONES DE NIÑOS CON ESTUDIOS EN ESCUELAS NO REGLADAS



Millones de niños cursan sus estudios en escuelas no regladas
Clases en una barriada de Bombay.

«Con el uniforme me siento respetada», celebra una alumna de una familia humilde
Los institutos tecnológicos rivalizan en prestigio con sus homólogos de EE UU
El hedor es intenso. Por los riachuelos corren aguas fecales en las que no se bañan ni las cucarachas. Las ratas campan a sus anchas en las montañas de basura y, con ellas, enfermedades que Occidente hace tiempo dio por erradicadas. Por eso, el inconfundible sonido de niños recitando en clase sorprende aquí más que en ninguna otra parte. Las agudas voces proceden de una cabaña muy diferente al resto. Incluso sus aledaños están limpios. Dentro, sobre el impoluto suelo de bambú, una treintena de estudiantes de entre 6 y 10 años aprenden a sumar. No hay segmentación por sexo, religión, casta o edad. Todos están unidos por la miseria, y la profesora, de 21 años, se deja la piel para que alguno pueda escapar del barrio de chabolas de Majeshat, en Calcuta.
Nadie sabe exactamente cuántos miles de personas residen en este cementerio para los vivos, pero sólo es necesario un vistazo para confirmar que muchos son niños. Sólo pueden obtener cierta formación en improvisadas escuelas como ésta, de la ONG local PBKOJP. Aquí no se exigen tasas ni documentos de identidad, ya que muchos de los niños no constan en el registro civil y, por lo tanto, no existen. Es la educación no reglada de India, que da esperanza a millones de estudiantes que, con la nueva ley, deberían estar en escuelas públicas gratuitas.
Yamena tiene 12 años y acude a una de éstas en el Rajastán. Viste uniforme azul y recibe cinco horas de clase al día, seis días a la semana. Su materia preferida es la Historia y aborrece las Matemáticas. Pero le encanta acudir a la escuela, porque es el único lugar en el que puede escapar de la realidad que le espera en casa, donde le toca cumplir con las tareas del hogar y vestir camisetas y faldas que han pasado ya por sus dos hermanas. «El uniforme me sienta bien. Así soy como cualquier otra chica. Mis padres saben que debo ir limpia a la escuela, y me siento guapa y respetada». En su clase se apiñan 50 alumnos alumnos más. Chavales de clase media baja que son afortunados porque no tienen que trabajar. Chicas al frente, chicos al fondo. No hay dinero para dos aulas.
'Junior-high'
Muy diferente es la situación que disfruta Rajendra, de 14 años, que ha terminado la 'junior-high' este año en uno de los institutos privados con mejor reputación de Mumbai. «Es duro», reconoce en perfecto inglés, idioma en el que se comunica con su familia. «Son ocho horas todos los días, más las extraescolares». Dejó el piano por el judo, y ahora se prepara para dominar los programas del Office. Su sueño es viajar a Delhi con una carta de admisión en el IIT, el instituto tecnológico más prestigioso de India, que rivaliza incluso con su homólogo estadounidense, el Massachusetts Institute of Technology o MIT.
Y, ¿de ahí a dónde? El destino final es alguno de los campus de las tres grandes: Infosys, TCS, y Wipro. En sus instalaciones de ciencia ficción se forman los técnicos e ingenieros que dan forma al futuro de India. Tras sus muros de protección se esconde un mundo exclusivo en el que no tienen cabida ni el caos ni las vacas que se hacen fuertes en las infestadas calles de Majeshat, donde el cantar de los niños que recitan el himno nacional es un espejismo de esperanza.