domingo, 7 de junio de 2009

LA FORMIDABLE ENEMIGA DE LA REINA VICTORIA


Jind Kaur
La formidable enemiga de la Reina Victoria

Una reciente investigación señala que la última soberana india intentó liberar a su país del Imperio Británico hasta su último suspiro, mediante un astuto plan, desconocido hasta hoy.SANTIAGO, junio 07.- Hasta ahora, la historia de Inglaterra ignoraba el rol clave de la última Reina de India, la Maharani (Soberana) del Punjab, Jind Kaur, en la rebelión de su pueblo contra el Imperio Británico. Una reciente biografía del investigador inglés Peter Bance, experto en la inmigración de los sikhs a Inglaterra, pone las cosas en su lugar y revela que la soberana luchó contra los ingleses hasta muy avanzada edad, cuando casi estaba ciega y le quedaba poco de vida. Y lo hizo de una manera tan discreta como desconocida.
En “Maharajah Duleep Singh. Soberano, Terrateniente y Rebelde” (2009, Coronet House) el autor cuenta la tragedia de Duleep, el hijo de Jind Kaur, quien heredó el vasto reino de su padre, Ranjit Singh, soberano del Punjab, la histórica zona al noreste de India controlada por los sikhs desde 1799 hasta mediados del siglo XIX, cuando los ingleses la conquistaron a sangre y fuego.
Muerto Ranjit Singh en 1839, su hijo Duleep, de menos de un año de edad, asumió el trono regentado por su madre, la hermosa y rebelde Jind Kaur.
Una sucesión de enfrentamientos, así como dos sangrientas guerras de los sikhs contra los ingleses, fueron lideradas por la última Maharani, quien alentó la resistencia de sus huestes. Todo esfuerzo fue vano. El Punjab fue anexado por los ingleses en 1849, y la soberana india fue separada de su hijo Duleep quien, a los nueve años de edad, fue enviado a Inglaterra y se convertiría en un títere de la Reina Victoria, el llamado “Príncipe Negro” aficionado a la cacería y a las fiestas de la corte.

Apresada por sus enemigos, Jind Kaur fue víctima de una campaña de desprestigio alentada desde Londres, que la calificó como la “Mesalina del Punjab”, comparando a la Maharani con la codiciosa y disoluta esposa del emperador romano Claudio.
Ella, siempre rebelde, escapó de sus carceleros vestida de mendiga y caminó 800 kilómetros hacia Nepal, donde se convirtió en la heroína de los sikhs.
Sólo vería a su hijo 13 años después de su derrota, cuando Duleep visitó Asia para cazar tigres. Ante la visión de su madre anciana, casi ciega, el heredero solicitó al gobierno británico que le permitieran llevarla a Inglaterra. Los ingleses aceptaron. La otrora poderosa Reina del Punjab ya no era una amenaza real.
Sin embargo, a poco andar, el hasta entonces dócil Duleep, contactó al Zar de Rusia con el fin de propiciar una invasión que le devolviera sus antiguos territorios.
Sorprendido por los espías ingleses, Duleep fue desterrado a París desde donde rogó, sin éxito, reconciliarse con la Reina Victoria hasta el final de sus días.
Para el autor de la biografía, Jind Kaur fue quien le recordó a su hijo quién era en realidad, y quien lo instó a recuperar lo que le pertenecía. Sólo después de reencontrar a su madre, el Príncipe Negro intentaría ese único empeño de reivindicación.
El 1 de agosto de 1863, la Reina del Punjab, formidable enemiga de la corona británica murió en una casa en Kensington, Gran Bretaña, el imperio del que siempre abominó. Un año después su cuerpo fue trasladado a su tierra natal.