miércoles, 11 de febrero de 2009

DOMINGO SIKH EN VALENCIA



Domingo SIKH

Mientras Nadal y Federer dirimían a raquetazo limpio la gloria y el oro de Australia, los fieles iban llegando a la gurudwara para el oficio dominical. La gurudwara está frente a la mole de San Miguel de los Reyes, ocupa el bajo de una finca y tiene sobre el dintel de la puerta un cartel en letras azules, como el de una ferretería familiar, que advierte de que el templo está dedicado al gurú Nanak, el maestro fundador hace cinco siglos de la religión sij en el lejano Punjab, al norte de la India. ¿Quién le iba a decir al nostre sant Vicent Ferrer, el gran predicador de la fe cristiana, que, aquí, en su ciudad, una mañana fría y plácida de febrero unos cientos de ciudadanos que apenas chapurrean cuatro palabras en castellano iban a reunirse en asamblea, juntos como hermanos, miembros de una iglesia lejana, del «sagrado sanglat, la asamblea donde encontramos a Dios»? ¿Es su Dios el mismo de los cristianos, judíos y musulmanes...? La palabra sij (o sikh) significa aprendiz, estudiante, porque gran ciencia es estudiar el sentido de la vida. En el Punjab, al norte de la India, viven veinte millones de sijs y dos millones andan esparcidos por el mundo, ganándose la vida con trabajos duros o con fruterías, tiendas y bazares. ¿Cuántos sijs viven en Valencia y los pueblos de alrededor? No debe ser fácil calcularlo: unos cientos, tal vez más de un mil. La gurudwara es su lugar de encuentro y de meditación. A la entrada del templo hay un angosto vestíbulo con estantes para dejar los zapatos (modestos, andarines zapatos de inmigrantes), porque hay que entrar en la casa de oración con los pies desnudos. En una caja hay pañuelos de color naranja para cubrirse la cabeza. Los devotos de una hermandad del sijismo siguen la reglas del kesh, es decir, no cortarse el pelo, que recogen en un turbante. Pero los fieles valencianos no llevan greñas ni turbante, sólo alguno lleva barba. Quizás piensen que el espíritu religioso no está en símbolos indumentarios. Y, por supuesto, ninguno lleva kirpan, la antigua espada ceremonial que simboliza la dignidad y la lucha contra la injusticia. No hay nada que temer, pues, muy al contrario el infiel es acogido con gran hospitalidad y, pasado el vestíbulo, se le ofrecen té y comida en el langar. No hay gurudwara sin langar, el comedor gratuito. A la derecha queda la cocina y a la izquierda, sentados en cuclillas en el suelo, frente a frente, con una larga y estrecha alfombra en medio, docena y pico de comensales beben té o agua y comen, en silencio, puré y legumbres servidos en bandejas metálicas de bufé escolar. Siempre hay comida gratuita para todos, ricos o pobres, príncipes o campesinos, hombres y mujeres, porque la iglesia sij cree en la hermandad universal. Una cortina entreabierta separa el langar de la sala de oración, a la izquierda las mujeres, a la derecha los hombres, sentados en el suelo, con las piernas cruzadas. La mujer tiene los mismos derechos que el hombre «por parir héroes, reyes y hombres santos». Al fondo de la sala hay una especie de altar enmarcado en bombillitas de muchos colores, con una colcha blanca en el suelo entarimado sobre la que se alinean rutilantes sables y espadas, y detrás el guardián del Libro sagrado salmodia al micrófono una interminable plegaria que sirven de meditación en el Nombre Divino. Lleva hábito blanco, turbante y barba poblada. Recita sin pausa himnos, poesías y letanías del Granth, el voluminoso libro de más de mil páginas revelado directamente por el creador para purificar el espíritu y dar sentido a este mundo pecador. Todas las religiones tienen un libro sagrado, al que no siempre es fácil ajustar el libro de la vida. Aunque la historia en el Punjab cuenta con episodios sangrientos, el sijismo rechazó desde el principio la mortificación del cuerpo, pero quiere liberar el alma del materialismo. Por eso rechaza las drogas, el tabaco, la carne, todo lo que intoxique el cuerpo, condena el adulterio y en esencia propone la justicia y la fraternidad universal. El actual primer ministro de la India, Manmojan Singh, es punjabí.La gurudwara permanece abierta todo el domingo, el día del Señor, abierta a todos. La tarde es lluviosa y tras la hazaña de Rafa Nadal, se esperan los goles del Valencia.