domingo, 4 de enero de 2009

PAKISTAN, UN PAIS A PROTEGER


Pakistán: un país a proteger
Mientras sonaban las doces campanadas en la Puerta del Sol de Madrid, las miles de personas que abarrotaban la famosa plaza madrileña para festejar el año nuevo no se imaginaban que, a miles de kilómetros de distancia, Pakistán estaba funcionando como una bomba de relojería. También eran ajenos los citadinos que se arremolinaban en el Zócalo, en el Distrito Federal o las miles de personas en Manhattan.
En la frontera entre Pakistán y la India —no sólo en Cachemira, también en toda la controvertida zona— miles de soldados pakistaníes no celebraban nada. En realidad no había nada que celebrar. India y su vecino país llevan ya muchos años desafiándose con la mirada sin mirarse. Miles de soldados de ambos lados luchan por deglutir territorio por las prestaciones naturales y no naturales que tienen en sus entrañas. Pero principalmente por las contraprestaciones y los réditos políticos.
Son dos países. En la India viven mil cien millones de personas; en Pakistán ciento setenta. Dos religiones, musulmana e hindú con centenares de variantes en ambas —especialmente en la segunda. Dos países que fueron colonias de Gran Bretaña y que aún, hoy en día, tienen media bota puesta en aquella parte del Continente asiático. Y rencor, sobre todo mucho rencor atávico pero agudizado tras los atentados de Bombay que puso a la macrociudad y a las fuerzas de seguridad del Estado indio contra unas frágiles cuerdas. La mano del ISI —los Servicios Secretos pakistaníes y los intereses de Al- Qaeda— se alargaban como enormes tentáculos por uno de los países más grandes y prósperos del Planeta a pesar de las abismales desigualdades sociales.
Los soldados pakistaníes se miraban apostados en sus trincheras. La mayoría de ellos acababan de llegar del otro lado de Pakistán; de la frontera con Afganistán. Se trata de un territorio, una frontera de miles de kilómetros donde los talibanes gozan de inmunidad y preparan a sus muyahidines para combatir por la Yihad —la Guerra Santa. En la frontera con Afganistán viven miles de tribus con sus propias sharias, sus propias leyes independientes del estado pakistaní. Eran pocos los soldados que penetraban en la zona para “disuadir” a los talibanes de que dejaran su “actitud” y esos “pocos” los mandaron a la frontera contraria, a la frontera con la India.
El borde afgano está ahora desprotegido. Es un coladero de talibanes que capta a niños recién salidos del horno de la madrasas. Se hacen fuertes, cada vez más. En el propio terreno afgano tienen ya un control casi total del mapa de Afganistán, por mucho que intenten hacer las fuerzas de la OTAN.
Por último, ambos países India y Pakistán tienen bombas atómicas. El segundo tuvo su garganta profunda particular. Abdul Qadeer Khan que pregonó por medio Islam el secreto de la bomba nuclear pakistaní, en aquel entonces fue perdonado por el anterior Presidente, Pervez Musharraf. Lo cierto es que hoy es un secreto a voces. Hay que preservar a Pakistán de lo que pueda venir. Hay que hacerlo porque ellos pueden ser los primeros en saltar en pedazos. Pakistán es, tal vez de todos los países del Islam, el más peligroso de una manera potencial. El integrismo en las madrasas, los talibanes en la frontera, el conflicto con la India y Cachemira y la connivencia ambigua con Estados Unidos hacen de este país, fundamental desde el punto de vista geoestratégico, un país a proteger.