jueves, 20 de noviembre de 2008

TEH FALL


The Fall, Jodorowsky reencarnado
Os lo juro. Pensé que nunca ocurriría pero he visto El Topo, La montaña sagrada y Santa Sangre (sin el elefante que se despeña) en una sola película, y se titula The Fall (El sueño de Alejandría). El problema es que Jodorowsky integraba en su discurso su propia parodia, y el sentido del humor estaba en primer plano, cachóndeandose de sus excesos.
A Tarsem (se ha quitado el apellido de su nombre artístico: antes era Tarsem Singh) le falta sentido del humor. La fantasía de su relato es grave, consciente de su propia importancia. Y esa autoconsciencia le conduce a la más pura de las banalidades.
El síndrome "mamá quiero ser artista" (también conocido como el síndrome Matthew Barney, el de Cremaster) ya estaba en el Tarsem de La celda, pero aquí, con un proyecto personalísimo que le ha costado cuatro años de trabajo y un rodaje en 18 localizaciones del mundo entero, la cosa se pone aún más seria.
The Fall cuenta la historia de la amistad entre un especialista de cine con las piernas paralizadas y una niña rumana con el brazo enyesado. Todo ocurre en un hospital de Los Angeles, en los años 20: allí, postrado en la cama, el joven empieza a explicarle a la niña un cuento exótico en el que, poco a poco, se van incorporando personajes de la vida real, y en el que se acaba reflejando su drama personal. Metaficción manierista para catadores de rarezas.
A The Fall la salvan dos cosas: una cierta capacidad poética, a menudo generada por los propios escenarios, y un final precioso, un sentido homenaje a los héroes del cine de aventuras silente.