domingo, 9 de noviembre de 2008

EMIGRANTES PAKISTANIES



EVOLUCIÓN DE UNA COMUNIDAD ENDOGÁMICA Y TRADICIONAL
Las inmigrantes paquistanís rompen tabús y buscan empleo por la crisis
• El paro masculino espolea a numerosas mujeres a abandonar su papel doméstico para salir a trabajar
• Algunos maridos prohíben a sus esposas ocupar puestos cara al público o en empresas con hombres

Sara, una inmigrante paquistaní que vive en Badalona, arregla el pelo a Bushra en su vivienda.
Una mujer paquistaní se dirige en metro a su lugar de trabajo.
En los momentos de crisis, la necesidad de salir adelante se impone al peso moral de las tradiciones. Esta máxima, que ha generado numerosas transformaciones en la historia de la humanidad, vuelve a producirse de nuevo en Catalunya. En este caso, es el colectivo de inmigrantes paquistanís el que vive una transformación. Ante una situación de penuria que ha dejado a sus maridos en paro, muchas mujeres de esta comunidad quieren abandonar su papel de amas de casa enclaustradas y empezar a trabajar para ayudar económicamente a sus familias.En Catalunya, los inmigrantes paquistanís conforman el colectivo is-lámico con que conservan un mayor rigorismo en sus prácticas familiares. En comparación con el marroquí, cuyas mujeres hace años que se incorporaron al mercado laboral, el número de paquistanís que trabajaban es insignificante.COSTURERA Y PELUQUERAMientras duró la bonanza económica y los hombres paquistanís se ganaban la vida en la construcción, la función de estas mujeres era la misma que en su país: cuidar de la casa y los niños. Esa escasa presencia pública llevó a que, en algunos entornos, se las bautizara como "las mujeres invisibles". Ahora, sin embargo, con muchos de esos hombres abocados al saco del desempleo y con las hipotecas y alquileres estrangulando la frágil economía doméstica, muchas familias buscan desesperadamente nuevas fuentes de ingresos.Y ahí es donde entra la voluntad de las mujeres de ayudar a sus familias. Quieren trabajar como costureras o peluqueras (muchas tienen experiencia), en el sector de la limpieza, cuidando niños o empleándose en fábricas. Eso sí, por lo general rehúyen los empleos cara al público.Fátima, una paquistaní que trabaja desde hace siete años en el servicio doméstico, ha sido testigo de la transformación de muchas de sus compatriotas. "La mayoría no quería trabajar, pero la crisis está cambiando el planteamiento de estas mujeres", dice mientras espera el metro para acudir a su puesto de trabajo.Ese cambio se percibe especialmente en Badalona, donde reside una importante comunidad paquistaní. "Soy costurera. Sé coser muy bien y quiero trabajar. ¿Sabe de alguien que pueda contratarme?", expone una paquistaní originaria de Cachemira. Habla en su piso de Badalona en compañía de su marido, un albañil que lleva tres meses en paro. Es un hombre tradicional que no acepta que su esposa sea fotografiada. "¿Qué van a decir el resto de paquistanís si ven a mi mujer en el periódico?", exclama. Sin embargo, sí acepta que trabaje fuera de casa.En otro apartamento cercano, Bushra también expresa su intención de trabajar. "Hablo bien inglés. Podría trabajar limpiando casas o cuidando niños o ancianos", asegura, tras reconocer su angustia por las estrecheces económicas por las que pasa. "Aquí los alquileres y la comida son muy caros", afirma.NUMEROSOS OBSTÁCULOSSara, una vecina, tiene a su esposo, carpintero, también en paro. "Es un excelente carpintero y es muy conocido entre los paquistanís, pero ahora no hay dinero y nadie contrata a nadie", se lamenta esta mujer, activa y de fuerte carácter, a la que le encantaría trabajar como peluquera. "Conozco mi oficio, soy muy trabajadora y quiero ayudar a mi familia", añade.Pero las cosas no son fáciles. Para empezar, muchas llegaron a España gracias a la reagrupación familiar, por lo que disponen de permiso de residencia pero no de trabajo. Ade-más, se enfrentan a la enorme dificultad que supone no conocer ni el catalán ni el castellano. El tipo de vida que llevaban --endogámica, pues solo se relacionaban dentro de su comunidad-- ha dificultado que incluso las que llevan aquí más años sean capaces conocer ambos idiomas.Por otra parte, la tradición y el qué dirán pesan lo suyo. Muchos hombres paquistanís no quieren que su mujer trabaje cara al público, como camareras, por ejemplo. Incluso ponen mala cara cuando se les comenta la posibilidad de que su mujer trabaje en una fábrica donde hay hombres. En este último caso, solo aceptan si los hombres son españoles. Nunca si son paquistanís. De nuevo, el qué dirán."Muchas mujeres que me piden ayuda para encontrar trabajo me ruegan que no le diga a nadie que han venido, que lo mantenga en secreto", explica con claridad Huma Jamsed, presidenta de la Asociación de Mujeres Paquistanís y propietaria de una agencia de viajes. Y denuncia: "Los hombres paquistanís quieren que sus mujeres trabajen porque necesitan el dinero, pero pretenden que, incluso trabajando, sus esposas sigan en un estado de invisibilidad"."A veces vienen paquistanís con sus mujeres y me piden que las ayude a buscar trabajo. Pero ellos me exigen un aval de honor: que garantice que no tratarán con hombres y que no se las verá en público", comenta. "Muchas paquistanís quieren trabajar, pero, sobre todo a las de zonas rurales, les da mucho miedo salir de casa", explica esta empresaria. E insiste: "Para trabajar hay que salir y formarse".