jueves, 18 de septiembre de 2008

ORIGEN ORIENTAL DE LOS ILLUMINATI

EL VIEJO DE LA MONTAÑA Y LOS HASHASHIM




Hace mucho, mucho tiempo

dos hombres conversan en las almenas de un castillo medieval de nombre Alamut, "el nido del águila"– que se erige majestuoso sobre las montañas de Elburz, en Persia.

Uno, es el representante personal del Califa y quien le habla es Hassan, hijo de Sabbah, jeque de las montañas y líder de "los hashashin".

– ¿Ve usted al centinela que se encuentra sobre aquel torreón?
dijo Sabbah haciendo una señal. La figura del torreón, de túnica blanca saluda y luego, sin dudarlo, se arroja a los abismos que rodean la fortaleza.
– Tengo a cuarenta mil hombres y mujeres a lo largo de Asia. Y todos preparados para hacer por mí lo que acaba de ver. ¿Puede su amo, Malik Shah, decir lo mismo? ¡Y él pide que le rinda pleitesía! Ya ha visto mi respuesta. ¡Márchese!...........


Corría el año 1092 y esta escena, que parece producto de la imaginación, ocurrió en realidad. La forma en que este hombre y sus seguidores llevaron el miedo a los corazones de los hombres desde el Mar Caspio hasta Egipto, es uno de los episodios más extraordinarios de todos los tiempos.

El grupo de los Nizaríes, en origen, no era más que una comunidad de partidarios del ismailismo en Irán, es decir, una secta minoritaria del chiísmo, a su vez, minoritario en un país eminentemente sunní. El gran centro de poder ismailí era el califato Fatimí con sede en El Cairo. En 1090, para ponerse a salvo de las persecuciones, y dirigidos por el carismático Hasan al-Sabbah, tomaron la fortaleza de Alamut, una posición inexpugnable en las montañas, al sur del Mar Caspio.

Aunque su principal y más conocida sede era Alamut, poseían muchas otras plazas fuertes en Irán y Siria, de modo que conformaban una red cohesionada y bien comunicada, a la que algunos autores califican de Estado. Los castillos nizaríes eran difícilmente conquistables: se construían en lugares poco accesibles, aprovechando accidentes del terreno, y solían estar bien provistos en cuanto a fuentes de agua y alimentos. Desde estos lugares, los ismailíes extendieron su predicación por Irán y Siria, lo que fue visto como una amenaza por los sultanes de la dinastía turca de los selyúcidas, que controlaban Irán. Emprendieron varias acciones militares contra los ismailíes, que no tuvieron gran éxito. En revancha, los ismailíes emprendieron su estrategia de asesinatos selectivos contra dirigentes políticos o militares. Una de sus primeras víctimas fue el visir Nizam al-Mulk en 1092.

También fueron víctimas de la secta el califa abbasí Al-Mustarshid, y más tarde su hijo Al-Rashid. La gran mayoría de sus víctimas fueron musulmanes, y quizá por eso la mayor parte de los datos manejados tradicionalmente en Europa sobre los asesinos no proceden de fuentes cristianas directas sino sobre todo de una indirecta y dudosa: el mismo Marco Polo.

El viajero veneciano habla de los nizaríes en sus relatos de viajes, y asegura haber visitado Alamut en 1273, lo cual es obviamente falso, ya que la fortaleza fue destruida en 1256 por los mongoles. De Marco Polo procede también la leyenda de los guerreros drogados con hachís en el falso paraíso. Un siglo antes, un viajero menos conocido, el judío navarro Benjamín de Tudela, menciona la secta de los asesinos y a un jefe llamado "el viejo".

Hombre de negocios, erudito, hereje, místico, asesino, asceta y revolucionario, Hassan Bin Sabbah nació en Persia (Irán) alrededor del año 1034. De niño, quien luego declararía ser la encarnación de Dios en la Tierra, era un estudiante de teología, un talibán.

Sabbah disfrutó de una educación privilegiada para su época, compartiendo el mismo maestro –a cuya elevada meta traicionó– con personajes de la talla de Nizamul Mulk (futuro visir del sultán de Persia) y Omar Khayyam (gran poeta, astrónomo y matemático).

En su juventud, viajo a Egipto, donde abrazó la doctrina chiíta. Aprendió a cuestionar el dogma islámico y comprendió que el mundo se transforma mediante acciones. Esta revelación serviría más adelante como modelo para la estructura de la organización de los hashashins –palabra árabe de la que derivaría el término "asesinos".

Sin embargo, Sabbah tuvo que abandonar precipitadamente Egipto por problemas políticos, recalando en Persia. Mientras buscaba una residencia permanente, encontró una fortaleza aislada en lo más alto de las montañas de la ciudad de Qazwin. Este castillo, llamado Alamut, era la plaza fuerte ideal para albergar la nueva secta que Sabbah estaba a punto de formar: los ismaelitas nazaríes (conocidos posteriormente como hashashins).

Pero también para crear junto a sus muros el "jardín legendario de los placeres terrenales", una especie de "paraíso de Alá" que desempeñaría un papel muy importante en los ritos iniciáticos de los hashashins.

El investigador Robert Wilson nos describe en que consistía dicha ceremonia:

El joven era llevado inconsciente al jardín, después de haber ingerido una potente poción cuyo principal ingrediente era el hachís. Cuando despertaba de su sueño, el acólito se encontraba con un grupo de bellas mujeres que le recibían entre bailes y canciones. Mientras el atónito joven aún intentaba reponerse de su asombro, las muchachas comenzaban a proporcionarle toda clase de placeres sexuales.
Este era el prólogo de una estancia que duraba varios días en aquel paraíso terrenal que aseguraba a Sabbah la lealtad absoluta de su nuevo seguidor, ya que, con el "jardín de Alá" como premio, sus órdenes serían acatadas sin reparos……..posteriormente era drogado de nuevo y despertaba por fin entre el resto de soldados.

Hassan Bin Sabbah era un gran alquimista y estudioso del sufismo, de modo que parte del "plan de estudios" iniciáticos para los futuros hashashins implicaba el dominio de métodos ocultos para alcanzar planos más elevados de consciencia. Por supuesto, también aprendían cómo matar eficazmente usando el veneno o la daga.
Los iniciados eran entrenados en el conocimiento de idiomas, así como en el modo de vestir y comportamiento de comerciantes, monjes o soldados. También se les enseñaba a hacerse pasar por creyentes y practicantes de religiones más importantes. De este modo, un asesino podría fingir ser cualquier persona, desde un hombre de negocios cristiano hasta un místico sufí.

Los fidais (ángeles destructores) tenían un voto de obediencia absoluta y estaban dispuestos a llevar a cabo cualquier atrocidad que su amo exigiera de ellos, incluyendo el suicidio. Vestían túnicas blancas con fajines y turbantes rojos: colores que representaban la inocencia y la sangre…..

La secta convirtió la guerra en una forma de arte, perfeccionando muchas aplicaciones fatales de la daga (que habitualmente impregnaban con veneno). Pero no estamos hablando de criminales sanguinarios ansiosos por alcanzar su objetivo a cualquier precio, sino de intelectuales que preferían utilizar la persuasión en lugar de la violencia. Y según se cuenta tenían prohibido derramar sangre inocente.

Sin embargo, a medida que sus hazañas culminaban en éxitos, el comportamiento de Hassan Bin Sabbah fue haciéndose más y más misterioso. Después de afianzarse en Alamut, vivió el resto de su vida encerrado en la fortaleza. Se dice que abandonó sus aposentos sólo dos veces durante este período. Era un asceta, un místico que escribió un buen número de tratados teológicos. Sus ambiciosos y secretos planes, más que a la avaricia o a la megalomanía, se debían a su fanática devoción ismaelita.

Fue Marco Polo quien popularizó en Europa la leyenda del origen del nombre de Asesinos con el que la secta pasó a la historia en occidente. El término asesino, que hoy es una palabra común, procede del árabe hashshashín, que literalmente significa "consumidores de hachís". Este término, al igual que como muchos otros datos sobre la secta, procede de sus numerosos enemigos, ya que la mayor parte de la documentación nizarí fue destruida con el castillo de Alamut.

Los homicidios políticos practicados por los nizaríes pretendían ser ejemplificadores y se hacían a plena luz del día, cuando la persona objeto del atentado estaba rodeada de público, lo que suponía que el asesino era capturado y ajusticiado invariablemente tras cometer su asesinato. La leyenda atribuye el arrojo y el encarnizamiento de los homicidas, que sabían que no saldrían vivos de su acción, al consumo de hachís, o quizá de otras drogas llamadas genéricamente por este nombre.

La palabra hashshāshīn, plural de hashshāsh, pasaría a las lenguas europeas como asesino, con el significado de "homicida". Algunos autores, como Amin Maalouf, contestan a esta etimología, y dicen que la palabra procede de asāsiyyīn ("fundamentalistas").

El término nizaríes es quizá el nombre más neutro. La secta solía llamarse a sí misma al-da'wa al-yadīda (الدعوة الجديدة), que en árabe significa "la nueva predicación" o "nueva doctrina"), y los que realizaban acciones armadas se llamaban a sí mismos fedayín (fidā'iyyīn, plural de fidā'ī), esto es, "los que están dispuestos a dar la vida por una causa".

Hassan exigía a sus seguidores una dedicación constante. Era tan severo que hizo ejecutar a sus dos únicos hijos: uno por beber alcohol, y el otro por cometer un asesinato que no había sido ordenado.

El "Viejo de la Montaña" murió en 1124, a la edad de 90 años. Al haber matado a sus herederos potenciales, designó a dos generales para continuar su obra. Uno asumió el control de los elementos místicos de la orden, mientras que el otro se encargó de los asuntos militares y políticos. Los hashashins sobrevivieron más de 100 años tras la muerte de su líder, pero Alamut fue conquistado, en 1256, por Halaku Khan, hijo de Gengis Khan.

Tras su caída, unos centenares de hashashins lograron mantener la orden en estado latente. En la actualidad, los ismaelitas aún existen y son liderados por el Aga Khan, una de las figuras más progresistas del Islam.

La secta que creara Bin Sabbah tuvo un impacto significativo en todas las sociedades secretas que vendrían después. Durante las cruzadas, los hashashins lucharon a favor y contra los cristianos, según beneficiara a sus planes. Consecuentemente, los cruzados importaron a Europa los métodos de los asesinos, que servirían como modelo de numerosas sociedades secretas occidentales. Los templarios, el Priorato de Sión, la francmasonería, los rosacruces... parecen deber su eficacia organizativa al trabajo de Hassan. De hecho, los célebres Illuminati tuvieron su origen en el aspecto místico de la orden hashashin, como analiza brillantemente Tim O’Neill en un capítulo del libro 'Apocalipse Culture'