viernes, 19 de septiembre de 2008

INDIA CRECE, PRIMER MINISTRO FALLA


India crece, pero su primer ministro falla: Bajo la sombra de Ghandi
Debió ser una noche particularmente tensa para el primer ministro indio. Mientras Manmohan Singh aguardaba, en Nueva Delhi, su destino pendía de una balanza a más de 4.800 kilómetros de distancia, en Viena, donde diplomáticos representantes de los 45 países que integran el Grupo de Proveedores Nucleares decidían si debían autorizar la venta de uranio y tecnología nuclear civil extranjera a la India, aun cuando ésta no ha firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear.
La dispensa, parte de un acuerdo nuclear pactado entre Nueva Delhi y Washington en el 2005, daría a la India la posibilidad de satisfacer su demanda crítica de energía, amén de cimentar sociedades estratégicas con EE. UU. y mejorar su presencia internacional. Singh apostaba su legado al acuerdo y arriesgaba el colapso de su coalición gubernamental, en la eventualidad de fracasar.
Cuando el reloj marcaba más de la medianoche en Viena, la situación lucía difícil: seis naciones se oponían al acuerdo. Pero unas horas más tarde, luego de una precipitada intervención diplomática estadounidense de último minuto, los reacios cedieron y el 5 de setiembre se dio la noticia de que India había conseguido la exención.
Los titulares aclamaron el acuerdo como un triunfo para Singh y un increíble deslinde de su reputación como incapaz. A partir de allí, todos pensaban que el Partido Congresista (PC) de Singh estaba bien posicionado para las próximas elecciones de mayo. Con el acuerdo nuclear casi asegurado y una tasa de crecimiento anual cercana al 9%, la estrella internacional india jamás había relucido tanto. Sin embargo, el gobierno aún es tozudamente impopular.
La insatisfacción se debe a la incapacidad de Singh para cumplir sus promesas y achicar el abismo de pobreza que divide al país. Sus compatriotas anhelan un líder que pueda combinar el enorme potencial de la nación con una osada visión y hacerla realidad. Lo que recibieron a cambio fue un conservador. Llegado al poder casi por casualidad, carente de un mandato bien definido y limitado por el propio partido y sus aliados, Singh muchas veces se ha mostrado tímido e indeciso y no ha sido capaz de aprovechar una serie de oportunidades únicas.
A pesar del impresionante crecimiento económico de la India, abundan la insatisfacción y el malestar. Las reformas que precipitaron el florecimiento indio a principios de la década de 1990 (y que Singh implementó como ministro de Finanzas) se han detenido.
La brecha de la riqueza entre la población rural y urbana se ha ensanchado y una desenfrenada inflación, que alcanza cifras de dos dígitos, ha comenzado a lesionar incluso los bolsillos de la clase media.
La candente economía empieza a enfriarse y las proyecciones sitúan el crecimiento de este año por debajo del 8% (nivel insuficiente para sacar de la pobreza a millones de indios).
El PC podría, no obstante, permanecer en el poder dado que su rival, el Partido Bharatiya Janata (PBJ), sufre divisiones internas.
El último gobierno del PBJ (1999 a 2004) presidió un fenomenal crecimiento económico, pero las utilidades se concentraron en un puñado de sectores (como tecnología informática) y unos cuantos centros urbanos. Millones de indios se sintieron abandonados. Pero la victoria del PC en el 2004 se debió a una votación de apenas el 27% y carecía de un mandato manifiesto, de manera que el partido se vio obligado a buscar socios de coalición y aliados externos, incluido el bloque de partidos de extrema izquierda encabezados por los comunistas indios, que se convirtieron en una cadena que limitaba cada movimiento de Singh.
El otro obstáculo del 2004 fue Sonia Gandhi. El PC había competido en las elecciones sin anunciar a quién pondría de primer ministro. Muchos fieles del partido querían a Gandhi -líder del partido y viuda desde el asesinato de Rajiv Gandhi- heredera de la dinastía Nehru-Gandhi.
Sin embargo, la ex camarera italiana ingresó de mala gana en la política y el PBJ se levantó en armas ante la idea de que una mujer extranjera ocupara tan importante cargo. Temerosa de semejante división (y apremiada por el presidente indio A. P. J. Abdul Kalam), Gandhi sacudió a la nación entregándole la batuta a Singh, economista respetado con un largo historial de servicio público.
Pero permaneció como líder del partido y Singh como jefe operativo; indicio de su limitado poder. Este último no contribuyó a fortalecer su autoridad, caracterizándose como el "primer ministro accidental". Después de todo, es el padre del milagro económico.
Durante su ejercicio como ministro de Finanzas en 1991, comenzó a desmantelar el "raj de licencias" que impulsaron empresas selectas, como los campeones nacionales, y limitaron el espíritu empresarial y la competencia exterior.
Al llegar al puesto de primer ministro, se reavivó la esperanza de que Singh extendería la liberalización del agonizante sector agrícola y la industria financiera, controlada por el Estado, y dada la fortaleza económica, las bajas tasas de interés, la reducida inflación y las hordas de inversionistas extranjeros; el 2004 pareció el año ideal para buscar cambios. Pero a cuatro años de distancia, poco se ha logrado. "No puedo pensar en muchas cosas que haya hecho Singh para incrementar el crecimiento sostenible", comentó Seema Desai, de Eurasia Group, Londres.
La productividad agrícola india persiste en niveles bajos y aunque el sector da empleo al 60% de la población, contribuye con un 1% al PBI nacional. En retrospectiva, Singh debió terminar mucho antes su relación con los comunistas, como instaron numerosos especialistas.
Pero como tecnócrata consumado (es el primer ministro indio que nunca ha ganado una elección directa), se mostró excesivamente cauteloso y deseoso de evitar confrontaciones debido a la imperiosa necesidad de mantener en línea la coalición. Pero hay que reconocer que no tenía la fuerza para tomar semejante decisión, pues no controla al Partido Congresista, las riendas son de Gandhi, quien favorece los programas de bienestar social y no la reforma económica.
De tal manera, el gobierno de Singh se enfocó en programas diseñados para ofrecer un "nuevo trato a la India rural" y el resultado fue lo que Yogendra Yadav, analista político de Nueva Delhi, denomina "algunas de las legislaciones más progresistas" en la historia del país. Pero los programas pocas veces alcanzaron sus objetivos.
El esquema de empleo rural del gobierno, que garantiza 100 días de labor a los habitantes más pobres del país, otorgó empleo a unos 34 millones de indios durante el año pasado, pero se ha visto ensombrecido por alegatos de corrupción. Un programa intensivo para electrificar 50.000 aldeas rurales en tres años sólo ha cubierto el 6% de los hogares contemplados. Los proyectos para proveer agua potable también están atrasados.
Un programa de condonación de préstamos para agricultores, por un total de 18.000 millones de dólares, fue recibido con vítores en un país en el que muchos granjeros, endeudados a más no poder, suelen recurrir al suicidio, pero sus últimas consecuencias han sido limitadas debido a que el programa no incluye el dinero de prestamistas privados. "¿Acaso estos programas han puesto en marcha un círculo de crecimiento e ingreso? No", enfatiza Desai, de Eurasia Group. Los programas de bienestar social tampoco han frenado la caída iniciada hace décadas en cuanto al apoyo político del PC.
Según Yadav, parte del problema es que "este gobierno parece conformarse con implementar sin dar seguimiento". Las implementaciones a menudo corren a cargo de los 28 gobiernos estatales del país, de los cuales sólo ocho están controlados por el PC.
Otra dificultad es que Singh, un funcionario honesto en opinión de la mayoría, ha confiado excesivamente en los ineficaces y corruptos servidores públicos de la India.
El Congresista no posee la organización necesaria para enviar representantes leales a las aldeas más apartadas para controlar a los funcionarios locales y asegurar que los programas se implementen adecuadamente y que el PC se quede con el crédito del esfuerzo. "No sólo hacen falta planes de acción", dice Yadav. "Se necesitan políticas".
Ahora, la inflación de dos cifras (la más alta en 16 años) promete socavar cualquier beneficio limitado que el Congresista haya logrado con su gasto social. El creciente costo de los alimentos ha afectado a los pobres, muchos de los cuales esperan que el gobierno aproveche el tiempo que le queda para tomar medidas firmes.
Sin embargo, dado que el Banco Central de la India ya ha elevado las tasas de interés (al nivel record de 8,5%), al gobierno le quedan muy pocas flechas.
Al gobierno de Singh no le queda mucho tiempo para revertir la situación: dispone, a lo sumo, de siete meses antes de las próximas elecciones generales y la ley electoral limita sus posibilidades de introducir nuevos programas después de enero.
Como presagio, el PC ha perdido las cuatro elecciones estatales celebradas en lo que va del año, y las relaciones entre el PC y su nuevo socio de coalición (el Partido Samajwadi o PS) empiezan a volverse tirantes. Singh ha postergado el inicio de la nueva sesión parlamentaria del 11 de agosto a octubre, tal vez para limitar el tiempo en el que deba compartir su poder con el PS o con la esperanza de que el Congreso estadounidense apruebe el acuerdo nuclear antes de iniciar la sesión.
De cualquier manera, el primer ministro indio dispone de poco tiempo para lograr la aprobación de nuevas reformas y algunos analistas vaticinan que el Congreso convocará a elecciones anticipadas (incluso se habla de diciembre próximo) con la intención de tomar desprevenido al PBJ.
Sin embargo, cuando llegue el momento, la votación será un referéndum sobre el Partido Congresista y Manmohan Singh y, si pierden, no será por accidente.