domingo, 31 de agosto de 2008

"MARTIRES" DE LA GUERRA

“Mártires” de la guerra santa
Arrepentida
Adolescente Se entrega y aborta ataque en Iraq
Rania, una joven de 17 años, evitó hace una semana y en el último minuto un baño de sangre en Iraq, debido a que se presentó ante la Policía de Baquba para que le quitaran un chaleco con explosivos preparado para cometer un atentado suicida.
Un agente de la Policía iraquí aseguró que la familia de la muchacha era conocida por dar respaldo a la red terrorista Al Qaeda y que su padre se inmoló en un ataque.
Desde hace varios meses, en el panorama internacional aparece una y otra vez la nueva estrategia del islamismo fundamentalista: el uso de suicidas que poseen características psicológicas y sociales particulares. Se trata de individuos, sobre todo mujeres, sometidas a un “lavado de cerebro” de grupos terroristas para utilizarlas en su guerra santa.
En su concepto bélico, la yihad (guerra santa) —término que se emplea en el Corán, libro sagrado de los musulmanes, con sentido de la lucha por Dios— ha sido utilizada para legitimar y justificar el esfuerzo guerrero, para recuperar tierra islámica y castigar a los enemigos del Islam, para lo cual la han convertido en uno de los pilares fundamentales detrás de los cuales esconden sus crímenes y atrocidades.
Ello incluye a los suicidas que creen que cuando se inmolan con el infiel en ataques con explosivos renacerán mil veces como “mártires” en un paraíso repleto de delicias; el detonador junto al pecho es un símbolo de redención.
Se apropian de un espíritu del Corán que no está en ese libro, porque los versos coránicos prohíben el suicidio, atacar al indefenso, al desarmado y al civil.
Fenómeno kamikaze
Desde Indonesia hasta Israel, además de Pakistán, Afganistán, Iraq, Turquía o Cachemira (India), cada vez son más habituales los atentados en los que mujeres se inmolan en un mercado, en una mezquita o frente a un puesto fronterizo. El creciente fenómeno preocupa a los servicios de seguridad y es analizado desde hace años por expertos islamistas.
Solo en Iraq la cifra de ataques suicidas adjudicados al género femenino pasó de ocho en el 2007 a 29 en lo que va de este año, según el Ejército estadounidense.
Las devotas musulmanas tardaron en sumarse a la yihad. La primera mujer que se mató en un atentado, la libanesa Sana Khyadali, de 16 años, se hizo explotar en 1985 junto con dos soldados israelíes que le lanzaron piropos.
Hubo que esperar hasta el 2002 para que la palestina Wafa Idris se convirtiera en terrorista suicida en Jerusalén. Dos años más tarde, Reem Riyashi, de Gaza, fue la primera madre de familia en suicidarse, cuando se llevó por delante a cuatro israelíes. Dejó dos hijos huérfanos.
Iguales, pero en la muerte
Si en los países occidentales los derechos de la mujer y su equiparación al hombre han avanzado, en el Islam la única igualación tiene lugar al nivel de la yihad: las mujeres, al igual que los niños, pueden inmolarse en nombre de Alá —dios de los musulmanes— como suelen hacer los yihadistas.
Las misiones suicidas son el eje de la estrategia actual del fanatismo yihadista. Sin embargo, esos predicadores, elocuentes propagandistas del asesinato múltiple a cambio del paraíso inmediato, tienen cuidado de no sucumbir a la tentación de hacerse volar ellos mismos.
Según especialistas en seguridad, estos fanáticos convencen a las féminas de dar su vida por la religión. Además, el vulnerable estado psicológico de las mujeres luego de haber perdido en combate a algún familiar las hace muy manejables, hasta que se sienten desahuciadas en vida.
Asimismo, los grupos terroristas reclutan a mujeres porque pueden sortear los estrictos controles de seguridad que se imponen a los hombres, salvo que sean féminas las encargadas del registro.
Según el yihadismo fundamentalista de la red terrorista Al Qaeda, las mujeres no existen por sí mismas en la sociedad, sino son instrumentos al servicio del hombre.
“Hay teorías que explican que la mujer bomba es el extremo del abuso del cuerpo femenino, porque no juega ningún papel dentro de la esfera de poder. No sirven ni siquiera como cuerpo, sino como arma”, afirmó la politóloga Laura Balbuena. Al menos como terrorista suicida podrá igualarse con el varón como herramienta a usar en su guerra santa.